«La Isla del Tesoro» es uno de los clásicos de la literatura universal: una historia de piratas en un mundo violento, pero también con su justicia y sus caballeros.
08 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.«Él tiene su propio ejemplar de La Isla del Tesoro ; pero lo leyó cuando era muy pequeño, y no entendió lo del ciego y la 'mota negra', ni fue capaz de discernir si Long John Silver era bueno o malo». Esto, entre otras cosas, cuenta J. M. Coetzee en su primer libro -librito- de memorias: Infancia . Coetzee es, desde mi punto de vista, el premio Nobel de literatura más importante desde Cela, o quizá sobre él. Stevenson, por su parte, es inevitablemente el creador de La Isla del Tesoro . El autor escocés escribió esta novela para su hijastro Samuel, que entonces tenía doce años. Lo verdaderamente admirable es que Coetzee cite, entre los millones de novelas que se han editado desde la implantación del artilugio de Guttemberg, precisamente La Isla del Tesoro , una obra publicada por primera vez en 1883. Pero es que no se trata de una obra literaria corriente. La Isla del Tesoro es «la literatura», o casi mejor, es «el bautismo de la literatura». Se trata de una novela de piratas y, como he dicho, fue escrita para un lector de doce años, pero no se dejen engañar. Es una novela para lectores de todas las edades, como ocurre con algunos libros universales, quizá como el Kim de Kipling. Yo la releo casi todos los veranos, y la recomiendo con insistencia. Robert Louis Stevenson, nació en Edimburgo en 1850. Desde muy joven padeció de tuberculosis, enfermedad a la que tanto debe la literatura. Estudió ingeniería y leyes en la universidad escocesa, pero no fueron más que trueques en la negociación familiar sobre su futuro, que desde el principio estaba firmemente encaminado a la escritura. Viajó por el continente y más tarde cruzó el Atlántico y se estableció en California, casándose con Frances Osbourne, divorciada y madre de Samuel. En un intento de escapar de la tuberculosis, pasaron los últimos años de su corta de vida en Samoa, archipiélago de los mares del sur que forma parte de Nueva Zelanda. Allí, sin embargo, moriría en 1894 a los 44 años. Entre sus obras cabe destacar El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde , de la cual hemos visto varias decenas de versiones en el cine. También ha sido autor de numerosos libros de poemas. No obstante, su novela más conocida es sin duda La Isla del Tesoro . Cuenta, ya sabrán ustedes, la aventura del joven Jim Hawkins, que es el narrador de la historia (hermano de Kimball O'Hara y abuelo de Harry Potter, literariamente hablando, claro). Todo comienza con la llegada a la posada del Almirante Benbow, que regentaba la familia de Jim, de un viejo marinero que paga su cuenta con monedas de oro, se alimenta de ron y huevos con tocino, y canta entre horribles blasfemias y juramentos «Quince hombres sobre el baúl del muerto¿ ¡y una botella de ron!». Ambición y recompensa Desde ese momento, Jim descubre un mundo de ambición y violencia, pero también de justicia y caballerosidad. Descubre el valor y la aventura en los mares del sur, y allí, en la Isla del Tesoro, alcanza la recompensa que su comportamiento merece. A lo largo de las páginas del libro vamos sintiendo el calor del trópico y olemos el ron añejo de los barriles de abordo, pero sobre todo, participamos de ese sentimiento ambiguo de admiración y terror que Jim experimenta hacia el indiscutible rey de la narración: el pirata Long John Silver, que con su pata de palo y su loro en el hombro, quedará inmortalizado en la historia de la literatura. «Belcebú y la bebida acabaron con su vida¿¡y una botella de ron!».