LA PROLÍFICA y vizosa trayectoria de Els Joglars, la incisiva gracia creadora de su líder, Albert Boadella, y el talento de sus actores, configuran altas expectativas para cada uno de sus montajes. No menor para este cervantino retablo de la picaresca de proyección universal. Tiene razón Boadella cuando en sus notas al programa dice: «La distancia que nos separa de Cervantes es ínfima, y así, las situaciones presentadas en su entremés El Retablo de las Maravillas siguen hoy produciéndose e incluso multiplicándose bajo el poder de los medios». Y lo demuestra con todas las armas del mejor humor, que envuelven una crítica casi apropositesca, con personajes perfectamente reconocibles, a través de la ironía, el sarcasmo, la sátira, la caricatura y una cierta ternura obviamente cervantina. A través de Arbequino, que muy bien podría representar a Els Joglars y al propio Boadella en su acreditado papel de bufones, la picaresca del Siglo de Oro se proyecta visionariamente a nuestro presente, poniendo en evidencia el éxito de la nada, expresada en una sucesión de descerebrados, apoyados por su familia y el charlatán de turno, amén de la resonancia mediática, manifestada en parodias como la de monseñor José María, la del artista José María Daganzo, genio de las instalaciones galerísticas, José María, el cocinero diseñador de humos y José María, el pizzero que también sirve como candidato a presidente. Situaciones, diálogos, alusiones, ejercicios gestuales, complicidad, todo sirve para que el público celebre con carcajadas la crítica que encierra. A lo que contribuye el trabajo formidable de caracterización, de imitación, del excelente cuadro de actores, encabezados por Ramón Fontseré. Como también los formidables recursos tecnológicos y la excelente iluminación. Teatro de gran factura, al servicio del tan eficaz humor crítico. El retablo de las maravillas (Miguel de Cervantes). Els Joglars. Teatro Rosalía (A Coruña). 14 al 16 de febrero.