Un amor que venció a la muerte

La Voz LA VOZ | REDACCIÓN

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La región del río Limia se señala como el lugar de nacimiento en el año 1320 de Inés Pirez de Castro, hija natural del noble Pedro López de Castro, conde de Lemos. Recibió una exquisita educación en Castilla como dama de compañía de Constanza Manuel, hija del infante don Juan Manuel, primer prosista de las letras castellanas. Su señora fue elegida como esposa del heredero al trono de Portugal, el infante don Pedro el Justiciero . Pero cuando ambas damas llegaron al país luso el amor surgió de forma inmediata entre el heredero y la noble gallega, que destacaba por su belleza. Tras la muerte de parto de su esposa Constanza, y en contra de la voluntad de su padre, el rey Alfonso IV, el viudo heredero se estableció con su amante en Coimbra y llegó a casarse con ella en secreto. Los cuatro hijos que tuvieron juntos y la cada vez mayor influencia política de los hermanos de Inés de Castro encendió los temores del soberano de que la línea de sucesión pudiera estar en peligro. Por ello, ordenó a tres caballeros que asesinaran a la noble gallega ante sus hijos, en el Convento de Santa Clara, de Coimbra, en 1355, a la edad de 37 años. Don Pedro lideró una rebelión popular contra su padre y cuando alcanzó el trono, en 1357, hizo ejecutar a los autores de la muerte de su esposa. La leyenda le atribuye un giro macabro a esta historia, pues afirma que el rey hizo desenterrar el cadáver de la fallecida y lo situó en el trono para hacer desfilar ante él a la nobleza y besar su mano descarnada. Pero esta historia de Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza parece estar más próxima a la ficción. Después hizo construir su tumba en el monasterio de Alcobaça.