LAS IMÁGENES captadas por videoaficionados a pie de costa en Sri Lanka, contribuyeron a dar otra dimensión a una tragedia que habría sucumbido a la frialdad de unas espantosas cifras de muertos que aumentaban día a día. Comenzaron con 11.000, siguieron con 26.000 y se especula que todavía serán muchos más. Las cámaras digitales están revolucionando la comunicación. La secuencia del malecón con gente paseando a punto de ser engullida por una tsunami, llevándose por delante a todos, resulta espeluznante. La emitieron una y otra vez. Como otras, de dramática espectacularidad, también filmadas por turistas que pudieron contarlo. Producto de la macabra pedagogía mediática que se fomenta cuando acontecen catástrofes, ahora sabemos que las tsunamis son olas gigantes, formadas por maremotos producto de seísmos submarinos. Los informativos recurrieron con generosidad a la infografía para mostrar la mecánica geológica que genera olas que pueden alcanzar los cincuenta metros. Cómodamente instalados en casa, gracias a las videocámaras, vimos la tragedia del sur de Asia como si se tratase de una secuencia cutre de El día de mañana o cualquier otro producto «made in Hollywood». Pero esta vez no eran virguerías digitales, eran imágenes reales...