INTERFERENCIAS | O |

19 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

A LA conformista sensación de que casi todo está inventado en televisión, contribuye también la apatía cuando toca innovar el propio lenguaje de las imágenes. No se trata de hacer virguerías con la cámara o de perderse en moderneces (que no modernidades), ni confundir la búsqueda de frescura narrativa con vapulear los códigos como un toro cabreado en una tienda de porcelanas. Basta con administrar sutilezas en algo tan directo por evidente para el espectador como el catálogo de planos. Quizá por rutina, quizá por temor a ser amonestados (que de todo hay), o quizá también por estar demasiado implantado el modelo de realizador-funcionario, los cámaras televisivos se limitan a tirar de manual.? En tiempos, algunos programas arriesgaban, sobre todo con espacios de plató, como entrevistas o debates. Los tiros de cámara variaban y además de cortos, los planos llegaban a ser primerísimos. Servidor, invitado a un coloquio en TVE-G no hace mucho, animaba a los cámaras (y al realizador, claro) a asumir riesgos como planos fragmentados de rostros, incluso dejando mucho «aire» (o vacío, entendámonos), o recurriendo a detalles de la cara, las manos y hasta los pies (que también dibujan una personalidad). Y por que no a angular la cámara enfocando al entrevistado desde la espalda del presentador. Etcétera. Rómpase la rutina.