El tenor catalán buscó refugio en las canciones napolitanas y convenció por su poder expresivo y su entrega
13 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.La prensa nacional ha recogido una interesante polémica, con cruce de cartas incluido entre lectores, críticos e incluso artistas, sobre un asunto espinoso: ¿Cuándo debe un cantante, en este caso, retirarse? Más allá de las circunstancias personales, el público tiene la última palabra. Mientras esté dispuesto a pagar la entrada para escuchar a sus ídolos, habrá artistas que quieran seguir hasta que el cuerpo aguante. José Carreras (Barcelona, 1946) ocupa un lugar destacadísimo entre los tenores del siglo XX, como lo atestiguan las grandes noches vividas en La Scala; la Ópera de Viena ?donde ha disfrutado de la popularidad de un Ronaldinho?; el Met neoyorquino o el Liceo barcelonés. El mejor Carreras perteneció a los 70 y principios de los 80, antes de su declive vocal, propiciado por arriesgadas elecciones de repertorio. A partir de ahí, y de su conocida enfermedad, su actividad se ha centrado en los recitales, que le permiten recorrer las localidades que en su época de esplendor no podían contratarle, con programas a la medida de sus posibilidades actuales. El que ofreció en A Coruña da muestra de su inteligencia: el recurso a las canciones napolitanas le permite, por un lado, no arriesgar, refugiarse en el registro central sin problemáticas incursiones en el grave (descolorido, áfono) o el agudo (tremolante, descontrolado); por otro, seducir al oyente con el melodismo ardiente de estas músicas, donde el timbre aún brilla. Retazos Quedan retazos del gran dicitore que fue Carreras, de su elegante y expresivo fraseo, de su poder de comunicación, de su entrega. Eso y el recuerdo de la leyenda, del tenor que podía detener 15 minutos una función, con un público enloquecido, es lo que se celebró en su recital coruñés, con ovaciones quizá de menor intensidad que las de antaño, pero emotivas y sinceras.