PROBLEMA gordo el de Los 80 (Tele 5), por sacar whisky, y, encima, uno en concreto. Más que problema, problemón, por practicar el llamado emplazamiento de producto - product placement en inglés-, consistente en hacer publicidad indirecta (pero descarada) de una determinada marca, con el añadido de ser alcohol con alta graduación. Así lo denuncia la Asociación de Usuarios de la Comunicación (AUC), cuya misión consiste en velar por el producto televisivo y convertirse en grupo de presión. Lo curioso es que Los 80 no podrán prescindir del alcohol -fue una década salvaje- en nombre del realismo, y la gente de AUC tampoco puede pasar por alto el asunto. El product placement no cesará, por muy ilícito que sea. Es una guerra perdida aunque se puedan ganar algunas batallas. Un producto audiovisual realista, por fuerza deberá recurrir al consumo cotidiano. Alcohol y tabaco, por ejemplo. Un director artístico, si ha de sacar un supermercado, deberá hacerlo con marcas conocidas en sus estantes. Lo contrario sería ridículo. Cualquier mirada retrospectiva a décadas recientes, implica alcohol y tabaco. Para La terminal , Spielberg negoció con varias franquicias para evitar que su terminal aeroportuaria se parecería al bosque de Bambi... Llevado el tema a extremos, Bogart sería ilícito porque en su cine fumaba como un carretero antiguo y bebía como un cosaco estepario.