«Tutti contenti»

Antón de Santiago PÉSARO

TELEVISIÓN

Crónica | Actuación de la Sinfónica de Galicia en el Festival de Pésaro

13 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Y justificaría el título porque «tutti cantanti». Aquí todos cantan, incluso, naturalmente, el publico, que lo hace interiormente en sintonía con lo que le llega desde el escenario y, muy importante, desde el foso. El «cisne de Pésaro» sorprende a los 21 anos con esta opera seria, Tancredi , que fluye con un melodismo idealizado sin incurrir nunca, a pesar de los conflictos, en el «ex-abrupto», y que, según Stendhal, es soporte inexcusable del más acendrado «belcanto». La vida no es así, pero esto es arte. De ahí la importante labor de musicología práctica del Festival Rossini. La obra, basada en Voltaire, desarrolla su acción en un marco geopolítico que exalta a los caballeros a la lucha contra el infiel. Tal es Tancredi: valor, generosidad, nobleza, que despiertan envidia; amor por la gentil Amenaide que suscita rivalidad y componendas por razones familiares y de poder; azar adverso -la carta interceptada de ella a Tancredi- y equívoco intencionado: se dice enviada al sarraceno: traición a la patria, a la familia e infidelidad, lo que impacta dolorosamente en el corazón de Tancredi. El desarrollo argumental no es verosímil, pero a Rossini le bastan las situaciones para que surja la música hermosa, sugerente, cargada en cada palabra, en cada frase, en cada período de la más amplia gama de los contrapuestos y cambiantes afectos. ¿Quién hubo de cantar todo esto? Sentado que el padre, el rival, la dama y el escudero, al igual que el coro soldadesco tienen labor importante, que todos cumplieron en la medida de sus posibilidades, cuando la acción se centra en la pareja protagonista, una soprano y una contralto -Tancredi es personaje «en travestimento»- las sustancias musicales y canoras, lo mismo en la declaración de amor que en el reproche y la acusación, en el dolor o en la heroicidad, se acumulan hasta lo sublime. En esta representación se concitan dos formidables cantantes: Patrizia Ciofi, como Amenaide, en estado de excelencia, y Marianna Pizzolato -la Dafne del Mozart-, gran promesa en maduración y una orquesta, la OSG, y un director, Victor Pablo, que sencillamente no han acompañado, han cantado con todos y especialmente con ellas, con cómplice sensación de empatía. ?Por lo tanto, «tutti contenti». La Sinfónica tiene ya en la mesa la oferta para volver el próximo año.