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04 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LO PRIMERO que hace cualquier alto directivo de una televisión cuando por la mañana desembarca en su despacho, es consultar los resultados de Sofres. Mandan los audímetros. Si las cifras responden a lo esperado, se tranquilizará el día. Si ocurre lo contrario, les entra la depre. La cosa cambia según sea pública o privada. Las públicas deben salvar la cara y procurar que las cuentas cuadren para satisfacción de los políticos. En las privadas, el matiz cambia. Deben rendir balance a sus respectivos consejos, en manos privadas que buscan sacar pasta al invento, que eso del prestigio es humo de leña verde y lo de primar la calidad sobre la rentabilidad, es sueño de idiotas en el limbo. Tele 5 lideró junio, frente a la casi siempre imbatible La Primera de TVE y pulverizando a su rival, Antena 3. Son empresas que están para ganar dinero. Si la telebasura vende, atiborran de ella. Si la audiencia encuentra interesante la deposición catódica, la facilitan a paladas. Es lo que hay. Suena a cuento chino la tele orientada a mejorar la sociedad (es compatible con entretener y divertir, no quepa duda). En eso Tele 5 funcionó mejor que Antena 3 desde comienzos de año. Claro que los movimientos de ésta para la nueva temporada (también hurtando algunas figuras a su competidora), prometen y mucho. Será divertido mientras dure, que la audiencia tampoco se chupa el dedo y se irá a quien la trate con respeto. No parece esa la intención de las privadas.