La banda californiana juguetea con su leyenda en un concierto en el Monte do Gozo que defraudó a los seguidores y que padeció problemas de sonido en algunas zonas del recinto.
28 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?ace diez años cualquiera hubiera dicho que los Red Hot Chili Peppers se han aburguesado. Ahora ya no se acusa así a la gente, pero el resultado es el mismo. El directo de los Red Hot ha perdido sustancias, toda clase de sustancias, y tres músicos y el cantante tenían más interés en mostrar su lado virtuoso que el salvaje. El concierto fue desigual, frío y no llegó a cubrir las expectactivas. Quizá porque las expectativas se habían puesto muy arriba y los Red Hot son buenos, pero tampoco son U2. La música estaba y eso es lo que se salvó: el grupo optó por esa parte obsesiva, algo hipnótica que tienen las mejores de sus canciones, las tocaron siguiendo el patrón del disco de grandes éxitos y en eso tampoco se diferencia la banda de cualquier otro grupo. Puede pasar que la banda se esté volviendo sentimental y por eso Frusciante hablase del amor mientras Flea lleva los dedos tatuados como el personaje de Robert Mitchum en La noche del cazador . El grupo cumplió con su música pero no con el público. Cumplió con su disco y con su contrato, pero puede pasar que los espectadores de los Red Hot no esperen nada de eso y un mucho de impacto musical, de cierto desvarío menos intelectual que improvisar a la trompeta y al sintetizador. Demostrar algo más que el caldeo de muñecas que hizo el batería Chad Smith en el único bis de la noche. Otro asunto que no funcionó fue que la guitarra y el bajo sonasen casi siempre por encima de la voz de Kiedis quien, como no podía tener el protagonismo sonoro se dedicó al ballet: dio cinco o seis vueltas sobre si mismo y saltó como si aquello formase parte del contrato. Los demás lo imitaron y hasta el guitarra dejó constancia de su falsete para imitar a The Communards en su versión de la vieja canción de Donna Summer, I feel love . Problemas del Monte El otro asunto es que habrá que dejar de decir que el Monte do Gozo es ideal para estas citas. Nada más lejos en la noche de los pimientos picantes. El sonido variaba según la zona del concierto en la que estuviera el espectador: hacia el centro el sonido era bueno y en las alturas el viento lo llevaba y lo traía como el eco de las verbenas a lo lejos. El cielo abierto tiene estas cosas y en las verbenas vale, pero en los macroconciertos no. Menos cuando se anuncia el mejor equipo de sonido de España y un despliegue audiviosual de primer orden. Los Red Hot quedaron algo lejos de esa primera posición del rock mundial. Como tienen su edad para el rock, llegaron y cumplieron. Eso es todo.