El gran testigo cumple 100 años

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Nacido en Huesca, de familia paterna procedente de Muros, el gran amigo de Lorca, Dalí y Buñuel es el depositario de la memoria de una época dorada de nuestra cultura

14 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

«¿Eso de Bello es muy gallego, no? Yo le respondí que sí, que mi familia paterna procedía de Muros». «Ah, ¿de Muros? -dijo Valle-Inclán-. Allí se ven cosas asombrosas. Allí he visto a un labriego con sus bueyes en el campo vestido de frac y sombrero de copa». De esta manera evoca Pepín Bello su encuentro en La Granja del Henar con don Ramón. «Un gran tipo Valle-Inclán, de ése no hacíamos burla. Nos impresionaba, también nos gustaba su fama de intemperante, de dar bastonazos, de montar la bronca en un teatro», recuerda el mítico Pepín, que el jueves cumplió 100 años. Ese «nos» al que se refiere incluye a sus amigos de la gloriosa Residencia de Estudiantes de los años 20, Buñuel y Dalí -que se autodenominaban entonces «los putrefactos»-, Lorca, Alberti , Cernuda, Aleixandre, Dámaso Alonso, entre otros. «Soy el único que quedo», dice Bello entre triste y satisfecho. Al cineasta aragonés lo califica de «muy machista» «mentiroso» y un «irracional tremendo» con el que se llevaba muy bien. Al Dalí que trató lo recuerda como «un chico estupendo, gracioso, ocurrente, ingeniosísimo». De Federico, por el que siente especial devoción, destaca su «enorme cultura literaria» y que era «simpatiquísimo, un seductor con un gran talento». Pepín Bello es un tesoro con piernas, es el depositario de la memoria de un tiempo dorado, su mente aún lúcida alberga datos, recuerdos y secretos de tres genios que protagonizarían la cultura española del siglo XX, el irrepetible trío formado por Buñuel, Dalí y Lorca. «Más que la poesía nos unió la amistad, la broma y el pitorreo», afirma. Pero también vio pasar por la residencia a Chesterton, Tagore, Wells, Einstein, Madame Curie y conoció a Juan Ramón («era un genio de lengua viperina que hería sin decir una sola palabrota»), Unamuno («de solitario, nada, hablaba por los codos, pero no escuchaba a nadie») o Baroja («no era tan fiero ni tan hosco»). Nacido en Huesca, fue residente entre 1915 y 1925 y pertenece a la primera generación de españoles que tuvieron la gran suerte de acceder a un nuevo tipo de educación gracias a la Institución Libre de Enseñanza. Por eso, se declara un fiel seguidor de su creador, Francisco Giner de los Ríos. «Yo, como decía él, cada día más liberal y con la camisa más limpia», afirma este centenario que aún pasea por la calle vestido con traje y corbata y que se ve en la obligación de dar explicaciones por su espléndida longevidad. Socarrón, explica que supo retirarse a tiempo del tabaco, a los 76 años. Además de su decenio inolvidable en la residencia, Bello trabajó en la Expo de Sevilla, pero en la de 1929, fue empresario de peletería, introductor del surrealismo en nuestro país y montó el primer motocine de España en Barajas. Revivió cuando volvió a abrirse la Residencia de Estudiantes en 1986, de la que es presidente de honor. Adicto a la tertulia, a la que puede dedicar interminables y jugosas horas, charlar con él es toparse de frente con la historia. Soltero y sin hijos, dice haber escrito y roto mucho. Sus memorias no tendrían precio, porque es una enciclopedia andante. «Sólo soy un testigo», afirma con modestia.