LA CONVENCIÓN se apodera de la tele en estas fechas. Nadie espera nada distinto, capaz de sobresaltar las neuronas. Hasta cierto punto es natural, porque excepto en casos puntuales marcados por la soledad, pocos hogares habrán priorizado la pequeña pantalla en fechas como la cena de Nochebuena o la comida de Navidad. Como mucho, un receptor en funcionamiento ejerce de acompañante con sus sonidos, nada más. A punto de convertirse en un clásico cuestionable, Raphael volvió el 24 a La Primera, con sus villancicos en solitario o acompañado, aparte invitados de éxito y, faltaría más, su amplio y cada vez más estridente catálogo gestual. Uf. No cambió la tendencia al día siguiente, con la única novedad en los informativos por aquello de que traían noticias frescas. Incluso en su cobertura sobre anécdotas y curiosidades de estas fiestas, fueron lo único capaz de fijar la atención del televidente unos pocos minutos. Películas y más películas, más vistas que la Luna en una noche clara de agosto, para rellenar una parrilla que se sabía condenada al olvido porque la gente estaba a otros rollos. La coartada de las vacaciones laborales y el bajo share de estos días, excepto en algún prime time , relaja en exceso a quienes tienen por obligación proponer una oferta ilusionante. La imaginación va cara. Un sopor.