Manuel Sanabria y Carlos Villaverde reflejan en su ópera prima algunos episodios reales de sus juergas estudiantiles. La película sólo ha costado 5.400 euros
03 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.¡Joder! ¡Qué raro se me hace que me entrevistes!». El que suelta esta exclamación vía telefónica es Manuel Sanabria, quien, junto con el coruñés Carlos Villaverde, estrenó recientemente en toda España su ópera prima cinematográfica: La fiesta. El que la recibe es un amigo del joven realizador y, desde hace unos años, metido a periodista. Lo primero que llama la atención de Manu, así gustan llamarle sus amigos, es que a pesar de estar metido en el ojo del huracán promocionando la obra no ha perdido ni un ápice de su forma de ser. Prueba de ello fueron las dificultades para localizarle. Llamadas a su móvil. Mensajes en el contestador, Llamadas al móvil de la novia. Pero nada, ni rastro. Horas después, contesta al teléfono. Tiene una excusa: «Estuve con la promoción hasta las tantas de la madrugada y por la mañana estaba molido, así que estuve durmiendo». Personajes reales Poco creíble, más si cabe si tenemos en cuenta el argumento cuasibiográfico de La fiesta . «Tanto Pocho -nombre por el que se conoce a Villaverde- como yo nos basamos en experiencias personales de las cientos y cientos de fiestas que hemos tenido. Lo que pasa es que han sido doce años de juergas -bastantes de ellas compartidas con su interlocutor- los que hemos vivido y lo que hemos hecho es coger una anécdota de aquí y otra de allá y condensarlas todas en un noche». De hecho, los personajes son personas reales y las situaciones han sido vividas en propia carne por los dos directores o también por algunos de sus amigos. Pero lo que pocos conocen es que Sanabria es un viejo conocido de la movida gallega, aunque ya hace unos años, concretamente los mismos desde que se puso a perpetrar La fiesta, que no pisa la localidad pontevedresa. Reacción del público «Queremos volver. Aún no sé si en septiembre o en octubre, pero iremos seguro un fin de semana», asegura. Manu Sanabria se despide y se dirige a ver por centésima vez su sueño hecho realidad. «Quiero ver cómo reacciona el público, lo que pasa es que ya estoy un poco hasta las narices de ella», asegura entre risas.