La restauración del David de Miguel Ángel, una de las esculturas más célebres del mundo, comenzó ayer, envuelta en la polémica, ante los ojos de los visitantes que acudieron a la Galería de la Academia de Florencia. La limpieza de la imponente estatua desencadenó un encendido debate, avivado por la dimisión en marzo de la hasta entonces responsable de los trabajos, Agnese Parronchi. Esta restauradora defendía una intervención de escasa intensidad y en seco, con el único uso de pinceles blandos, gomas de borrar y gamuzas de piel, «para no uniformar la superficie de la escultura». Pero tanto el superintendente de Bienes Artísticos de la región de Toscana, Antonio Paolucci, como la directora de la Galería de la Academia florentina, Franca Falleti, impusieron finalmente una limpieza húmeda.