Cela Conde presenta en A Coruña una novela con «tics» de su padres

La Voz LA VOZ | A CORUÑA

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MARÍA VILLAR

03 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

«Treinta años no es nada», bromea Camilo José Cela Conde al pie del monumento al libro en los jardines de Méndez Núñez, en A Coruña. A su izquierda, Manuel Arenas, librero. Ocurrió ayer, 3 de julio. El 2 de julio de 1973, Camilo José Cela Trulock posó en ese mismo punto junto a Fernando Arenas, librero. Al fondo de la vieja fotografía se ve a un autobús de dos pisos que surca los Cantones. Uno de un piso, el 2 quizá, pasa ahora, 30 años y un día después, mientras Manuel Arenas muestra la imagen. «Qué delgado estaba mi padre», detecta Cela Conde al asomarse a la mirilla del pasado. Lo que hicieron los padres, ambos fallecidos, lo repiten los hijos. Al vástago del Nobel le divierte recrear la historia. «En la foto, ¿mi padre cómo tiene colocada la mano?», pregunta al periodista. Se le informa de que sujeta un cigarrillo con la zurda. No fuma Cela Conde, así que sale del paso sacando del bolsillo unas gafas de sol. Finaliza la sesión y un hombre llamado Juanjo _pero eso se sabrá después_ se acerca a Cela Conde. Lo ha reconocido. «Oiga, he escrito un libro con 250 recetas de bacalao», anuncia con desparpajo. Le dan una tarjeta de la editorial Alianza, para que lo envíe. «Yo quiero para comer, no para ganar el Nobel», se despide Juanjo. La sombra de CJC El Nobel. Aunque ausente, siempre presente. La sombra de CJC, el Nobel, sobrevuela la librería Arenas, donde se celebra la presentación en A Coruña de Como bestia que duerme , la primera novela de Cela Conde, debutante a los 57. A preguntas del público, el hijo escritor primerizo habla del padre escritor con Nobel. «Ser hijo de Camilo José Cela no es difícil. Lo he hecho desde pequeño». «Hay algunos tics de mi padre en la novela». «La idea de mi padre de lo que es una novela está tan alejada de la que tengo yo...». «El talento de mi padre es irrepetible». «Ya me gustaría que Como bestia que duerme tuviera un porcentaje pequeñito, el IVA, digamos, de La Familia de Pascual Duarte ». , que le llevó doce años, ha ganado el premio Fernando Quiñones. No está mal para empezar. Continuará. Está escribiendo su segunda novela. Más bien reescribiendo: los dos primeros capítulos los tenía en un ordenador que le robaron. «Lo que me pasó es de gilipollas», juzga.