Dos piratas que se aman como hombres antes de descubrir que son mujeres. Son las protagonistas de Lobas de mar , novela a caballo entre la aventura, la historia y la reflexión que ha dado a Zoé Valdés (La Habana, 1959) el premio Fernando Lara de novela y sus 120.000 euros de bolsa. Mujeres duras, violentas y pioneras cuya azarosas vidas ha reconstruido Valdés. «Estaban excluidas de la historia», lamenta la escritora, que asegura haber vuelto a su obsesiones de siempre a través de estas mujeres del pasado con vidas e historias terribles. Remisa a hablar de la dictadura castrista y sus indignidades, dice Valdés que quiere «hacer reflexionar al lector sobre la inutilidad de responder a la violencia con más violencia». La escritora explica que no puede considerarse su libro como literatura para mujeres: «No. En la época en la que viven y por lo que hicieron, se comportaron como hombres. Se encuentran vestidas de hombres y creen que son hombres cuando se conocen. Se besan creyendo que son hombres. Había que tener mucho cuidado para no caer en los discursos feministas, lesbianos y partidistas». Lo que sí influyó en el estilo de la novela fue su lenguaje, ya que el origen británico de las protagonistas condicionó la escritura. «No podía ponerlas a hablar como mujeres cubanas. Pero aún así me permito deslices. Lo más importante de la historia es contar todo lo que hicieron, los momentos desgarradores que vivieron, que había que narrar con un lenguaje que diera a la historia toda la exhuberancia que necesitaba», dice Valdés. Londres y sus barrios En cuanto a sus personajes, Zoé Valdés explica los orígenes de las protagonistas: «Read nació en un barrio muy pobre de Londres. Cuando nace su enfermizo hermano está punto de morir. Ella es más fuerte que el hermano a quien su abuela dejará su herencia. Le sobrevivirá y su madre le obligará a vestirse de hombre para poder obtener la herencia familiar. Se ira al guerra de Flandes, que era como irse en nuestro tiempo la guerra de Afganistán. Bonny es una hija bastarda de un inglés adinerado y tendrá que huir a Carolina de Sur. Tan apasionada como angustiada, tendrá que vestirse de hombre y sólo allí recuperará su atuendo de mujer, aunque se verá acosada por un siniestro personaje y asistirá antes al asesinato de su institutriz. Ellas no se enfrentan a su pasado. Soy yo quien enfrenta al lector con el pasado de estas mujeres, con la violencia y la desmesura de los instantes que vivieron». La escritora cubana manejó otras historias de piradas. Una de ellas fue la célebre Historia general de la piratería, de Daniel Defoe. «Es la que a mí más me satisfizo. La mezclo con las versiones de autores como Phillip Gosse y Gilles Lapouse. Me interesaba, a partir de lo real, darle todo el cuerpo para establecer la música, el ritmo y la carne de estas mujeres».