La corta vida de un libro

Jesús Fraga REDACCIÓN

TELEVISIÓN

El aumento de títulos provoca la presión de las novedades sobre las librerías, lo que causa que muchos volúmenes sólo estén expuestos directamente al público seis meses.

22 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

si usted está interesado en adquirir un libro determinado, un buen consejo es que lo compre cuanto antes, porque corre el riesgo de no encontrarlo en su librería habitual. Es posible que cuando haya leído una reseña o un amigo se lo haya recomendado ya sea demasiado tarde, porque el establecimiento lo habrá devuelto ya. Con casi toda seguridad, se lo podrán encargar, pero también es casi seguro que sin un interés previo tampoco habría topado con él en la librería y se lo llevaría a casa. La vida comercial del libro cada vez es más corta. Como producto mercantil, decrece el tiempo real en el que se encuentra a la venta: es muy probable que una novedad permanezca poco más de seis meses en una librería. Del escaparate pasará a las estanterías, y, si no tiene mucha demanda, se devolverá a la editorial. Es decir, necesita ese arranque fuerte que le permita mantener su espacio ante la inminente avalancha de más novedades, lo cual significa que debe ir arropado de una campaña promocional. La paradoja del sistema ¿Por qué se produce esta situación? Por una paradoja del sistema editorial español: dicho con un punto de crudeza, se edita mucho para lo poco que se lee. En una reciente encuesta encargada por la Federación de Gremios de Editores, se reiteraba que casi la mitad de la población apenas lee. Sin embargo, el número de títulos editados no deja de aumentar: en el 2002 fueron 69.391, aunque sus tiradas también son menores. En sólo diez años la media de ejemplares de un volumen bajó de 9.000 a 3.000, lo que causa efectos negativos en la rentabilidad del editor. A una media de más 190 títulos por día, las librerías difícilmente pueden soportar la avalancha de novedades, por lo que los volúmenes que no funcionan bien o lo hacen regular desaparecen del establecimiento a los seis u ocho meses. «As editoriais compensan esa falta de lectores primando a diversidade e apuntan a ese lector compulsivo e fiel que merca moitos libros e son os que en realidade manteñen o sector», explica Manuel Bragado, director de Edicións Xerais de Galicia. Bragado apunta a factores como la aún reciente alfabetización masiva para entender la escasa popularidad de la letra impresa, pero confía en que estas circunstancias se vayan modificando en el futuro. Las excepciones Claro que también hay excepciones en este corto ciclo vital del libro. Los géneros de ficción, como la narrativa o la poesía, acusan peor la presión del servicio de novedades, algo que resisten de mejor grado los volúmenes de referencia. Por ejemplo, es más fácil que disponga de más tiempo para captar lectores en una librería un lujoso tomo de fotografía o un manual de gastronomía que una novela. También cuenta el circuito escolar. En algunas librerías es fácil saber cuáles son los autores programados en colegios e institutos porque se mantienen año tras año entre los títulos con más salida del establecimiento. Esta demanda también coincide con las ventas en las ferias del libro, en las que también gozan del favor del público, y además de su misión autónoma deben servir para interesar al lector en el resto de la obra del escritor en cuestión. En estas circunstancias, el lector que busque un clásico literario u otro título de un autor en el que quiera profundizar tendrá que encargarlo. De un nombre conocido como Julio Camba, los libros han desaparecido de los establecimientos, y además, si se piden, están agotados, según se informa, aunque en el registro del ISBN figuren trece referencias como disponibles. El librero y su criterio Hay librerías que se esfuerzan por ofrecer un fondo amplio que cubra las necesidades del variado abanico del público lector. El librero, por tanto, es una figura fundamental a reivindicar como asesor cultural, porque su criterio contribuye en una gran medida a formar el criterio general de los lectores de una comunidad. Gracias a su asesoramiento, un libro puede ser disfrutado por un lector, o, por el contrario, ser devuelto con celeridad a los almacenes de la editorial, donde, en algunos casos, emprenderá la espera hasta su final: la trituradora.