El artista, de origen italiano, inició ayer en Lugo una gira por Galicia para presentar el espectáculo «Instintos ocultos», en el que critica con dureza al sistema.
28 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Es un auténtico provocador. En sus números arremete contra todo y todos. Ni los espectadores se salvan de sus ataques más diversos. Leo Bassi, un italiano que desciende de una larga familia de comediantes excéntricos, inició ayer en Lugo una gira por Galicia para presentar su espectáculo Instintos ocultos . Incluso tiene previsto actuar para los voluntarios que trabajan en la limpieza de las playas. -¿Es la primera vez que se acerca a Galicia para presentar su espectáculo? -No, ya estuve dos veces en Pontevedra actuando en el Festiclown cuyos organizadores ya son mis amigos. Ahora me propusieron volver y la verdad es que me llena de curiosidad estar de nuevo con la actual Galicia y su tragedia. De hecho, voy a actuar para los voluntarios y haré actos para Nunca Máis. Creo que aprenderé muchas cosas. -¿En qué consiste «Instintos ocultos»? -En este espectáculo intento explorar lo que son las motivaciones profundas entre el público y el actor. Opté por adaptarlo y tocar temas como los del Prestige y la guerra totalmente injusta contra Irak. Los artistas se dieron cuenta de que los espectáculos no pueden seguir siendo iguales; no podemos hacer las mismas cosas porque la realidad de lo que estamos viviendo trasciende al propio espectáculo. En esta gira trato de que el público reflexione sobre estos temas. -Sus números, por tanto, no sólo son para reír... -Siempre me gustó el papel de bufón medieval. Era un hombre de la corte que tenía doble función: por un lado hacer reír y, por otro, criticar y dar su opinión. Yo me sitúo en esa línea. Espero que la gente se divierta con mis espectáculos y que, a la salida, reflexione y pueda desarrollar un criterio por su propia cuenta. -¿Se enfada si le llaman payaso? -No. Es un orgullo para mí que algunos me llamen payaso. En seis generaciones de mi familia hicieron de payasos y provocadores. En esta época es importante la presencia del payaso. Sólo hace falta ver la televisión y comprobar que la publicidad está llegando a hacer uso de las bromas. En el payaso o en el bufón hay poesía que nace también de la vulgaridad del asco, de lo primitivo y lo popular. Yo no tengo ningún problema para que me asocien con esa imagen.