Sabina concilia vicios y talento

TELEVISIÓN

Dos exitosos lanzamientos certifican la recuperación del cantautor: el disco «Dímelo en la calle» y el libro «Con buena letra», en el que recoge todas sus canciones

13 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Se ve que la capacidad creativa de Sabina no tiene límites, por mucho que trate de impedirlo una isquemia cerebral (o marichalazo, según su propia terminología). El achuchón tuvo al compositor de Úbeda en un tris de pasar a la posteridad sin posibilidad de réplica, pero hubo milagro: Joaquín Sabina, el genio cercano, vuelve al ring ataviado con guantes de boxeo, botines de media caña y bata de satén, dispuesto a partirse la cara con quien sea. De tal guisa aparece caracterizado en la carátula de su nuevo disco, Dímelo en la calle. «Este año, la vida me ha dado unas cuantas hostias, y sin embargo aún tengo ganas de pelea», dice. El mal trago le ha pasado cierta factura a Sabina, aunque tampoco se ha vuelto monje de clausura. «He cambiado de vida bastante, pero no tanto como se ha dicho», matiza. «Antes me levantaba a las siete de la tarde y ahora, a la una o a las dos». Lo cual le ha reportado hallazgos sorprendentes: «He descubierto el día; por las mañanas hay unas señoras estupendas que van a buscar a los niños al colegio...», apunta entre risas. Alguien le pregunta por los vicios confesables. Nunca ha rehuído este tema. Por ahí no le ponen contra las cuerdas: «He dejado de fumar ocho meses, y ahora estoy volviendo. No he dejado de beber. Y he dejado de hacer cosas por la nariz, excepto respirar, que es de lo que se trata. En resumen, he levantado un poco el pie del acelerador». Dos trabajos Pero volvamos a lo de la creatividad: Sabina lleva unas 250 canciones escritas; casi todas brillantes, muchas formidables. Y cada vez que airea material nuevo parece superarse, una y otra vez, como empeñado en borrar los límites del talento. Ahora hay una oportunidad para hacer la prueba del algodón: al mismo tiempo que el nuevo disco se ha editado un libro, Con buena letra, que recoge los textos de todas sus composiciones. Es decir, lanza simultáneamente sus creaciones más recientes y su memoria musical; confronta el hoy con el ayer. Por ahora, empate técnico: está en lo más alto de las listas de ventas de discos y libros. El cantautor sintetiza el contenido del libro: «No hay nostalgia; memoria, sí. Es un cajón de sastre, un cúmulo de recuerdos, de pistas falsas y un catálogo de amores». En cuanto a Dímelo en la calle, uno se pregunta por la influencia de su «mala salud de hierro», como él la define: «El disco ha costado, pero no por problemas de salud, sino porque no estaba muy por la labor de pegarme atracones de estudio. No ha sido grabado en dos meses, sino a lo largo de un año y medio, y con muchas sesiones en mi casa. Es un sistema mucho más cómodo», explica. Hay quien dice también que sus nuevos hábitos han mejorado su voz. «Creo que sí está un poco más limpia que en el disco anterior», asiente. Pero claro, tiene que salir el calavera impenitente que lleva dentro para poner la puntilla de ironía: «Pero se hará lo posible para que vuelva a ensuciarse».