Sonia y Gustavo, de telenovela

Sara Carreira Piñeiro
Sara Carreira REDACCIÓN

TELEVISIÓN

Enfrentamiento a tres bandas en el plató cuando la azafata intentaba convencer a la novia del boxeador que la relación Carmen-Gustavo ya era historia

18 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

La vida supera a la ficción y comparado con lo que se vio ayer en el plató de Gran Hermano, las historias tipo Cristal son cuentos infantiles. Los personajes del culebrón no tienen desperdicio, y la historia tampoco. Está Sonia, la chica mona, azafata, pseudopija, siempre de punta en blanco y algo almibarada, pero de excelente corazón y comportamiento; a su lado -¡y tanto!- Gustavo, el boxeador, todo pasión, físico excelente, cara apenas tocada y algo cojo de cultura; en el tercer vértice, dando un toque de color a la historia, aparece Carmen, sufrida novia del muchacho, mujer de treinta y tantos, con un hijo y mucha correa, que tiene de todo menos reparos para pelear. Además del triángulo amoroso, hay actores secundarios pero fundamentales en la obra: la madre de la guapa, un remedo de María Jiménez un poco más fina; la presentadora, Mercedes Milá, directa, provocadora y divertida a la vez que realista. El conjunto coral, ya se imaginan, lo forman los familiares y hermanos que se quedan en la casa. Pregunta directa Esos son los personajes, y la historia, tan truculenta como uno pueda imaginar. Primer día de expulsiones del GH más caliente y el 52% de los votos tienen el nombre de Sonia, ante el estupor de una Mercedes Milá que se pregunta por qué las mujeres «castigamos a las otras mujeres». El caso es que Sonia sale hecha un mar de lágrimas y al llegar al plató, la novia de su novio ataca. Machista con avaricia, le dice que si hubo rollo entre ellos fue porque Sonia persiguió al pobre chico, y le planta una pregunta de las que quitan el sentido: «¿Es cierto que tú masturbaste a Gustavo?». Sonia, al borde del desmayo, dio mil negativas. La madre de la guapa, de fondo, estaba a punto de morder a la novia del novio , mientras ésta echaba fuego por los ojos. Sonia aguantó el tipo y, al contactar con la casa, preguntó a Gustavo un lacónico «¿Sí?» que él respondió con un no menos claro «¡Sí!». Entonces, vencedora, se volvió a Carmen y le dijo serenamente: «¿Lo ves?». Y todos lo vimos.