Un libro recoge las exigencias que los artistas ponen como condición para actuar Es casi un ritual. Dos días antes de un concierto, tres tal vez, se hace pública la lista de extravagancias que la estrella de turno pone como condición y preludio a sus actuaciones. Los caprichos suelen ser un derroche de lujo y demostración de estatus, celebridad y poder. O al menos eso creen los artistas.
17 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Pero en el mundo del espectáculo también almas menos crédulas. Una de ellas es la de un anónimo road manager que ha elegido el pseudónimo de Bill Kessler para retratar en un libro las manías de los artistas. El autor sostiene además que las peticiones abren una puerta a las inseguridades de las estrellas, que proyectan en ellas sus deseos frustrados o sus manías. Hay que recordar además que el fenómeno de las exigencias es relativamente reciente. Antes, cantantes o actores eran llevados con mano de hierro por sus representantes o las compañías, que no les daban más dinero que el asignado semanal o mensualmente, y eran sometidos a un ritmo casi industrial. Hoy es todo lo contrario y es en el camerino donde demuestran hasta dónde se pueden llevar los caprichos. De la comida al miedo La comida es caballo de batalla para casi todos: Britney Spears pide tabletas de chocolate, ensaladilla de atún con mayonesa, y patatas fritas de bolsa; Christina Aguilera le sigue de cerca, con vitaminas y batido de cacao; Gwyneth Paltrow, en cambio, está obsesionada con la comida sana y viaja acompañada de su chef, además de tener un instructor de yoga para reponerse del estrés y el agotamiento. Tal vez hoy por hoy, desde los ataques del 11 de septiembre, los famosos tienen un único miedo: su seguridad. Varios artistas se han construido sus bunkers antinucleares; Britney Spears multa a los promotores de sus conciertos si se filtra una llamada indeseada a su teléfono privado; y Barry Manilow prohíbe que sus admiradoras se acerquen al camerino. Para ellos lo importante es sentirse como en casa.