«Mis lectores están de mi lado de la barricada»

Luís Pousa Rodríguez
Luis Pousa A CORUÑA

TELEVISIÓN

EDUARDO

Llega Luis Sepúlveda a este Finisterre atlántico y recuerda ese otro mundo del fin del mundo, su Patagonia. Una patria a la que siempre regresa, aunque sólo sea literariamente, desde su exilio en Hamburgo, París o, en la actualidad, Gijón. Narrador de raza, se mueve con maestría en la novela corta.

03 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

El autor de Mundo del fin del mundo vuelve ahora a las librerías con Hot line , un relato negro protagonizado por un detective mapuche. -Cita usted en el prólogo a Alejandro Dumas y el lema «Ni olvido ni perdón», del Conde Montecristo. ¿Qué le une a Dumas? -Muchas cosas. La frase del Conde de Montecristo es una consigna moral. Habla de la necesidad de la memoria, de no olvidar, de no caer en la tentación del perdón. El perdón es una categoría moral muy seria y, para que exista, tienen que existir dos factores: el agraviado que perdona y el que agravia, que pide perdón. En Chile se impuso por decreto un perdón sustentado en la amnesia. Y a mí y a toda la gente decente nos une a la reflexión del Conde de Montecristo la necesidad de mantener vivo el sano ejercicio de la memoria. -La ficción le permite vengarse literariamente de esa realidad y de los efectos de la dictadura de Pinochet. -Sí, y no solamente de la realidad chilena. La literatura permite ciertos ajustes de cuentas con la realidad, permite vencer por una vez. -El relato remata con un cierto final feliz. ¿Es posible ese «happy end» en Chile? -Confío en que sí. El libro acaba con un final feliz amargo. Es una pequeña victoria, porque la vida misma es una sucesión de pequeñas victorias, las grandes victorias no existen. No se toca nunca el cielo con las manos, pero cuando hay un millón de personas asegurando que es posible tocar el cielo, es mucho más bello que tocarlo. -¿Encaja en la etiqueta de escritor comprometido? -No sé si comprometido, yo fui, soy y seré un hombre de izquierdas. Ésa es mi cultura. Y me he ganado algunos lectores en el mundo, que son más de una docena, y esos lectores están de mi lado de la barricada. Me leen porque intrepreto las cosas desde este lado de la barricada. - ¿Qué relación tiene con Galicia, otro mundo del fin del mundo? -Muy profunda desde que vine por primera vez en 1982. Soy muy amigo de Manuel Rivas y Suso de Toro, somos colegas de oficio que nos llevamos bien y sin envidias, lo que es muy raro (risas). -El mundo de las letras es duro... -No es que sea duro. Es un mundo donde abundan mucho los gilipollas. Por fortuna, ni Suso ni Manolo pertenecen al club de los gilipollas.