CARA DE KHAN

M.A. FERNÁNDEZ

TELEVISIÓN

Al fin. Adiós. El Mundial de la trapallada. La componenda morrocotuda. El hiper-tinglado asiático de la FIFA. El circo que prescindió de los payasos para canjearlos por árbitros. Brasil se llevó la quinta y Alemania un subcampeonato que sabe a risa. En dos días, las televisiones lo habrán olvidado y darán respiro a su audiencia hasta que empiecen los torneos veraniegos y regresen a su matraca futbolera. De lo visto ayer, me quedo con Oliver Khan, el guardameta alemán que sabe aprovechar su proyección mediática. Quizá sea la misma proyección que utiliza Ronaldo para dejarse ese ridículo tupé que ya verán como se pone de moda. Pero su imagen pilosa no pasa de anécdota. Anecdótica podría ser también la imagen de Khan instantes después de que Collina detuviera el balón con el silbato fatídico. Un jugador sentado, con la mirada perdida, y proyectando desolación, suele ser frecuente ante una derrota importante. Se les enciende la luz roja del la adrenalina, se les van al carajo a saber que ilusiones y fantasías, y suelen reaccionar así, que además vende bien ante sus parroquias. Apareces vulnerable y te perdonan. Pero no con Oliver Khan, 1,88 m, 87 kg, 32 años. Su imagen pública en calzón corto es la de un tipo peleado con la sonrisa, un matador, alguien que busca acojonar al rival. Ya en los duelos Bayern-Madrid, sus puyas verbales son de órdago. Hasta ayer saboreaba la gloria del Mundial por haber recibido un único gol en seis encuentros. Y llegó el del tupé, Ronaldo, 1,80 m, 75 kg, 26 años, y le endosó dos. Entonces se derrumbó, olvidó su cara de Can... redac@lavoz.es