Hoy no basta con ser hijo de todo un premio Nobel, Gabriel García Márquez; reunir un reparto de primeras actrices norteamericanas, escribir un excelente guión y rodar con algo más que corrección una historia de absoluta actualidad. Tampoco ayuda necesariamente que la película guste en Cannes y Sundance, cumbres del llamado cine de calidad. Ni por esas logró Rodrigo García que su filme aguantase en las carteleras de EE UU. Fue enviado directamente a la tele. Incomprensible: a ver si va a ser cierto que ya sólo pasan por taquilla adolescentes en busca del último flipe virtual. Una verdadera lástima, porque Cosas que diría... es gran cine, que nunca debería pasar de moda. Con una estructura parecida a Vidas cruzadas, Magnolia o la reciente Piedras -todas deudoras de La ronda -, García atrapa la vida de cinco mujeres de hoy con un denominador común: la soledad, un mal -en algunos casos puede serlo- que no tiene género, pero que parece cebarse de manera especial en ellas, porque lo conocen más íntimamente y no se resignan, y porque lo padecen incluso en compañía, que es lo peor de todo. La visión del director es al mismo tiempo aguda, penetrante, tierna, irónica, en ocasiones, y muy próxima. Los pequeños detalles: una mirada, un gesto, una palabra tienen tanto valor como el conjunto, o incluso más, tal es el grado de profunda percepción, de conocimiento íntimo que García parece tener de la mentalidad femenina. Esperanza Pero lo mejor es que este ejercicio de implacable lucidez, de minimalismo inteligente, que abre una rendija a la esperanza, no cae en el naturalismo. Su atmósfera, algunos de sus personajes, le confieren una apariencia como de fábula, de narración fantástica que seguramente tiene mucho que ver con las influencias que el director pudo haber recibido de su señor padre.