Alianza cierra la serie dedicada al escritor granadino con la recuperación de una de sus primeras obras, «Cazador en el alba» A sus 96 años, Francisco Ayala cree que seguir viviendo «no es un mérito personal, es un mérito de la Naturaleza». Sin embargo, oyéndole hablar, nadie puede dudar de que la lucidez que conserva es fruto de una inteligencia inagotable, que no se deja engañar: «la Historia no hace cumplida justicia de nada», dice. La reedición de «Cazador en el alba», que cierra la «Biblioteca Ayala» que la editorial Alianza ha dedicado a la obra narrativa de este brillante escritor, fue una excepcional ocasión para que este Premio Cervantes, Príncipe de Asturias y candidato al Nobel, prestara su tiempo para un acto público.
11 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.«Mi vida se acaba. No tengo mucho ánimo para el elogio y la reivindicación de mi obra», comenzó diciendo, sin perder la sonrisa, el buen humor y la modestia, un Ayala que agradecía el privilegio de no estar «arrumbado» y que confesaba que sigue viviendo «con gusto». Al lado de su mujer, la catedrática de la Universidad de Nueva York y experta en su obra Caroline Richmond, Ayala aseguraba que no se aburría, aunque se lleva «malos ratos» porque tiene «rasgos de soberbia y de intransigencia» con «la estupidez» y los periódicos de hoy «están llenos de ellas». Sin embargo, no quiso entrar en valoraciones sobre la época actual: «Todas las épocas son diferentes, eso es lo que hay que aceptar, tiene uno que buscar una adaptación cada día». Ni siquiera se detiene a exponer qué cambios le parecen buenos y qué cambios malos pues opina que «la valoración de ellos puede ser muy diferente», según la época en que se hagan. «La historia no hace cumplida justicia de nada, lo que se rescata en unas épocas, se olvida en otras». La edición de Cazador en el alba reúne dos relatos vanguardistas publicados en 1929 y 1930 e incluye una sorpresa, el único poema que Francisco Ayala ha querido publicar: «He escrito muchos versos desde los ocho años», aunque sólo ha salvado este. «Por razones psicológicas no tengo habilidad para versificar. Me he atenido a la modesta prosa», dijo, tras apuntar que ha destruido «muchos escritos porque no le había dado a la prosa todo lo que sentía».