MIGUEL ANXO FERNÁNDEZ INTERFERENCIAS
02 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Ayer fue domingo. Y hubo tele. Pero ¿qué tele? Les juro que hay días en que uno ha de hacer virguerías para asomar a esta columna. Tampoco puedes hacer el feo de desertar, inventarte una indisposición y hala, que alguien del periódico rellene el espacio con lo primero a mano y esperar al día siguiente, a ver si escampa y la fuente catódica genera algo más que trapallada. Lo dicho, fue un domingo de Mundial a mazo (Antena 3 sólo emitió diez horas...), y... y... una gran novedad: ¡Operación Triunfo! Por la mañana una repetición de Triunfomanía y por la noche otra de sus galas. Casi seis horas con esta matraca que ya es una pesadilla digna de Freddy Kruger. En medio de tanta enjundia bananera, los informativos venga a marear el asunto de la Iglesia vasca sin que saquen a nadie pidiendo un poco de mesura, de calma, en fin, de vamos a serenarnos que todo el mundo va crispadísimo. Quedaba la opción de las películas, pero las mejores (excepto Los vikingos) asomaron de madrugada. Otra alternativa eran los espacios convencionales. Conste que estas estrategias (la alternativa de los canales de pago, créanme, es menos masivo de lo que se nos quiere hacer creer), al final conducen a que una buena parte de la audiencia aprovecha para hacer bricolage, contestar al correo, leer la prensa, dormir la siesta y lo que le cuadre, coger la bici o leer un libro a la sombra de un manzano... Que está bien, oigan. Ventajas de la Telehastío.