EL VENENO DE LA PASIÓN

La Voz

TELEVISIÓN

Puede que Kaige haya condicionado la lectura de Suavemente me mata a una predominante cuestión erótica al manifestar que lo primero que le atrajo del guión fueron sus escenas de sexo. En China jamás podría rodarlas. Asumida su condición de thriller erótico que pretende ser la crónica de una pasión llevada al límite, intentando llevarnos al terreno de un Instinto básico y sus derivados, estamos ante otra de esas películas en las que hay luces pero también sombras. Como no podía ser menos, su acabado es impecable, su atmósfera envolvente y los actores se mueven cómodos, quizá a excepción de Joseph Fiennes, que progresa de una aceptable credibilidad en su personaje al estado de zombi cuya mirada y actitudes inquietarían a cualquier mujer mucho antes de que Heather Graham se entere. Espacio a la imaginación Quizá la novela original deje más espacios a la imaginación del lector que Kaige a la del espectador, que asiste a una progresión previsible que por fuerza culminará con una segunda mujer que huele a cuerno quemado desde sus primeras secuencias. O sea que el guión tiene un problema y el director no supo solucionarlo. Obviamente no es lo mismo filmar una historia china, con todo lo que tiene de exótico y misterioso, que una trama aunque universal, muy occidental, y en un marco tan trillado como el de Londres aún reconociendo los esfuerzos por huir de espacios comunes en busca de ángulos diferentes. La historia del escalador trastornado que lleva clavada en su pasado una espina edípica suena a truco machacado. Lástima, porque pocas veces habrá encontrado un productor a una actriz tan dispuesta a «todo» como Graham, sin duda media película.