DE OTRO MUNDO

La Voz

TELEVISIÓN

23 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Venía Gianluca Cascioli precedido de una cierta fama de outsider , tanto por sus interpretaciones como por no morderse la lengua. Desde la insolencia de sus veintidos años, el pianista italiano, con aspecto de Harry Potter, suele fustigar a los programadores por no arriesgar más y al público por su desinterés hacia la música moderna; alaba la calidad del rockero Frank Zappa, y ha abandonado su compañía de discos porque no quiere grabar el repertorio de toda la vida (la otra versión dice que lo echaron por vender poco). En todo caso, su presencia supone un soplo de aire puro en el a menudo encorsetado mundo de la música culta, que necesita desesperadamente ideas frescas y conectar con un público nuevo, o se nos muere. Cascioli ha actuado ahora con el Alban Berg, un cuarteto rompedor, como su propio nombre indica. Ambos comparten una misma filosofía: si la música no vive, no comunica, no sirve. El pianista afrontó un repertorio difícil, esos traicioneros Estudios sinfónicos de Schumann que ponen a prueba la mejor de las técnicas. A pesar de algunos pasajes emborronados y velocidades caprichosas, Cascioli convenció. Pero lo del Alban Berg es sencillamente de otro mundo. Su compenetración es absoluta; su arte, prodigioso. Más que tocar, dialogan en la intimidad como un mismo instrumento. Hacen que parezca natural lo que no lo es. Algo que sólo otorga la experiencia de destilar música pura durante años, y un dominio técnico apabullante. Su exquisito Quinteto de Schumann deslumbró, lo mismo que la propina de Brahms. Deberían haber sacado a hombros al violonchelista, Valentin Erben, qué tío.