TENSIÓN EN EL CAMPO

La Voz

TELEVISIÓN

14 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Lo más llamativo (y desconcertante) de La guerra de Hart es que no se encuadra en el cine bélico puro y duro, ni tampoco en su variante de campos de concentración modelo Segunda Guerra Mundial. En realidad, son muchas películas reunidas en una. Hay de todo, como en botica. Sin embargo es un producto que no admite reproche en lo formal e incluso en lo ideológico, porque juega a esa coartada tan de moda (y útil para los tiempos que corren) de lo «políticamente correcto». El marco cerrado de un campo de prisioneros con sus propias reglas, que, a su vez, administran otros, sus carceleros. A partir de ahí, lo demás. Respeto al espectador Al director Hoblit hay que reconocerle respeto hacia el espectador, que tampoco sobra en buena parte del cine «made in Hollywood» que nos agobia en las carteleras. Quizá el problema está en el guión por comer en demasiados comederos: intriga, género bélico, suspense, racismo, juicios, e incluso una atractiva confrontación entre dos personajes representados en el oficial alemán (Lures) y en su correspondiente norteamericano (Willis), presentados en un contexto de tono liberal que aleja la película del tufillo patriotero y reaccionario que suele presidir estas producciones. De ahí (una vez más) que la película haya pasado sin pena ni gloria por la cartelera norteamericana, buscando la complicidad del público europeo, que, sin embargo, mira con gran desconfianza hacia las películas de guerra, cuando aún siéndolo en la forma, no lo son en el fondo, como es el caso. Aunque se encuadra en el sarampión bélico que ahora mismo afecta a Hollywood, La guerra de Hart se aleja por méritos de la simpleza ideológica de la reciente Tras la línea enemiga.