«Hubo mucha pachanga, mucho alcohol, y cuando comenzaba la década de los 70 ya se me enturbiaba la mirada más de lo recomendable». Uno de los capítulos de la biografía de Chavela está dedicado a su adicción al alcohol, al tequila. Superada esa etapa, la cantante no tiene reparos en recordar su particular «travesía del desierto» y los 15 años que le costó -incluidas unas vacaciones en un monasterio budista del Tíbet- dejarlo. Su hermano hizo un cálculo del que resultó que Chavela se había bebido 40.000 litros en su vida. «Dame un tequila, cantinero». Chavela era consciente de su problema, pero creía que así había de seguir. Plantaba cara al que se oponía y lo tomaba con humor. Incluso escribió una jocosa carta a la Universidad de México: «Estimados chingones: por la presente les hago saber que me he bebido toda la cosecha de tequila del año. Y estoy bien contenta (...) les ofrezco mi hígado, en el cual podrán trabajar afanosamente, con la seguridad de que encontrarán razones y circunstancias de mucho provecho para la ciencia». Pero eso es pasado. Ahora, estas anécdotas alimentan la leyenda. Tiene 83 años, está bien de salud y en abril volverá a España.