EL BUSTA

La Voz

TELEVISIÓN

MIGUEL ANXO FERNÁNDEZ INTERFERENCIAS

15 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Disculpen, pero hoy toca Operación Triunfo. La tabarra seguirá hasta el 11 de marzo, cuando La Primera deje de ordeñar la vaca. Cuatro días después de los 13 millones de audiencia, la tormenta mediática continúa. Un servidor, que ya despotricó contra el invento por su textura plastificada, su planicie emocional y el aire de forzados buenos chicos, pero también de tocomocho por versionar temas currados por otros, digo, no sale de su pasmo al escuchar a un pelotón de sociólogos validando lo que sutilmente es un toque a arrebato o, como me decía un colega, la evidencia del pensamiento único catódico. El grueso de los mass, las tertulias, los corrillos en el cole, en la portería y en las salas de espera, en las peluquerías y vayan a saber sí en el confesionario, todos celebran que tres chicos de extracción social modesta, vayan como tiros hacia el éxito. La tal Rosa pagó el precio de rebajarse una burrada de kilos, el Bisbal vio cumplido su deseo canoro currado en una orquesta de verbenera (gremio muy digno, nadie se me sulfure), y el Bustamante... El Busta es un pillabán, que decían las abuelas. A base de moqueo (porque voz, tiene lo que menda de Tom Cruise...), reivindicando lo de «o que non chora, non mama», enterneció a niñas y a madres, hasta arrojar su pasado de albañil a la hormigonera del olvido. Les seguí un par de veces y a regañadientes (gajes del oficio), pero me gustaba Chenoa por lista y Manu porque sabía cantar. Ambos perdieron. Qué merienda.