Una ciudad: Madrid. Cinco mujeres, cinco vidas complejas y cinco pares de pies que calzan zapatos muy diferentes. El calzado simboliza la distinta fijación de las protagonistas al suelo que pisan: una usa números menores al que calza, otra tiene los pies planos, mientras que el resto visten zapatillas deportivas, babuchas o zapatos robados. Sus vidas se entrecruzan de manera muy aleatoria en el guión que el propio Ramón Salazar escribió para su primera película después de triunfar con una larga lista de premios (47, en total) a su cortometraje Hongos, filmado en vídeo y más tarde hinchado a 35 mm. La sombra de Vidas cruzadas y de Magnolia, las películas con coralidad de personajes e historias que han marcado la última década cinematográfica, está muy presente a la hora de establecer comparaciones. El realizador malagueño ha visto premiado su esfuerzo al resultar seleccionada su ópera prima para la prestigiosa Berlinale. Será la película que represente a España Reparto de calidad Salazar logró también un reparto inusual por su calidad y variedad, desde Angela Molina y Antonia San Juan, a Najwa Nimri, Vicky Peña o Mónica Cervera. Por sus pies las conocerás. Piedras se sirve de los pies y de los zapatos para contar la historia y las relaciones que se establecen entre las cinco mujeres que encarna ese excepcional plantel de actrices, que viven como Cenicienta sin su Príncipe Azul. El arranque es singular: Adela (San Juan) se dirige en moto hacia un tango apretado, Leire (Nimri) está a punto de caerse de unas plataformas de go-gó, Maricarmen (Peña) está harta de los juanetes que le producen conducir un taxi, Anita (Cervera) da vueltas a una manzana siguiendo a un avión, e Isabel no cesa en su empeño de calzar dos tallas menos de lo que le corresponde. El bloque masculino está formado por Enrique Alcides, Nacho Duato o Manuel de Blas.