NO TOQUEN A MI CHICO

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MIGUEL ANXO FERNÁNDEZ CRÍTICA DE CINE/ TRAS LA LÍNEA ENEMIGA

26 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Al almirante norteamericano Reigart (Hackman) se le podrá exigir que acate las órdenes de su superior en la OTAN, el coronel europeo Piquet (Almeida), para no desbaratar los planes de pacificación en la antigua Yugoslavia. Pero que ello exija abandonar a su «chico» en territorio enemigo, nunca, aunque se arriesgue a perder el mando de su portaaviones. Así que Tras la línea enemiga es otro hazañas bélicas de una simpleza tumbona, de un tufillo reaccionario mareante, pero, al mismo tiempo, de una eficacia narrativa que nos devuelve al reinado del serie B, al viejo cine de los cincuenta, aunque con tics años noventa (planos acelerados y otras lindezas). Si encima, los productores contaron con la ayuda del Gobierno norteamericano para cederle parte de la infraestructura necesaria, el espectáculo está garantizado. O sea que te evades un buen rato, aunque pinzando la nariz para evitar los mensajes ideológicos que desprende una trama en la que naturalmente los serbios son los malos (la historia juega en su contra), y el eje es la lucha por la supervivencia de un piloto derribado al que persiguen por filmar una macabra fosa común. Encima descorchan un garrafón de patrioterismo (y eso que la bandera apenas sale), de ese que provoca un resacón de mil demonios. Admitida su eficacia narrativa y lo bien aprovechados que están los ingredientes militaristas, sobran los rótulos finales que incluyen la mención a que Reigart perderá el mando de su nave y elegirá la jubilación ante la oferta administrativa del Pentágono. Nos cuentan que la gente bajo su mando agradeció el gesto... Ah, y el piloto derribado, que pocos días antes le enviara una carta solicitando su baja en el ejército, le pide su devolución y, por supuesto, la rompe. Si es que son buenos chicos, son sus muchachos.