¿QUE PASÓ CON ROBERT PORTER?

La Voz

TELEVISIÓN

CÉSAR WONENBURGER CRÍTICA DE CINE/ «K-PAX»

24 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Alguna vez dijo James Stewart que en sus películas no había hecho otra cosa que ser él mismo. No era cierto, pero la frase podría servirle ahora a Kevin Spacey, un actor que, aunque haga de iluminado, como en esta ocasión, o de cínico, como en casi todos sus anteriores trabajos, parece ser siempre Kevin Spacey. En esta ocasión, quizá, algo más pasado de rosca y sobreactuado. El sospechoso habitual pone rostro beatífico mientras suelta, sin mucha convicción, su recetario New Age, con frases con una aparente carga profunda, del tipo de «cómo habeis llegado hasta aquí los hombres», al lado de «me gusta el olor de la tarta de manzana», que a lo mejor quedaban muy bien en el guión, pero que dichas así, en caliente, invitan al sonrojo colectivo. Duelo desigual Esta vez Spacey pierde su pulso particular con otro grande, Jeff Bridges. El protagonista de películas como El rey pescador está sembrado en su papel de psiquiatra perplejo, desorientado tanto en su vida profesional (al principio no sabe muy bien a qué atenerse con esa especie de ET con rostro humano que le llega a la consulta) como personal: su matrimonio se descompone y hace siglos que no es capaz de mantener una conversación con su hijo. En ese duelo desigual entre dos actores maduros se encuentra el meollo de una película correcta, que apuesta por el drama, pero planteado como una intriga (al espectador se le pide que tome partido, y decida si Prot es un marciano o simplemente un pobre chalado) para que el personal, que últimamente no parece estar para monsergas, no se duerma en la butaca.