La actividad se paraliza en el Concello y en los centros educativos para despedir al alcalde honorífico e hijo predilecto El repenique de las campanas de la iglesia de Padrón y de la Colegiata de Iria Flavia a primera hora de la mañana anunció al pueblo el fallecimiento «dun veciño máis», de Camilo José Cela y Trulock, que ayer dejó de resistir y, por primera vez, no venció. Padrón está de luto, con banderas a media asta y crespones negros, e Iria Flavia tiene el protagonismo que le hubiera gustado a Cela, ya que sus restos serán enterrados hoy en una tumba del cementerio de Adina, bajo un olivo, el «lugar elegido por él» cerca de sus familiares.
17 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Padrón se despertó ayer con la noticia del fallecimiento de su alcalde honorífico y vitalicio y su hijo predilecto de modo que la corporación local se reunió para expresar su «sentimiento de pesar» a los familiares y allegados del Nobel fallecido y anunciar tres días de luto oficial. El Concello decretó la paralización de la actividad hasta mañana en el consistorio y en los centros educativos, y acordó erigir un busto al escritor en el Paseo del Espolón, cerca de la plazuela que lleva su nombre desde el 17 de agosto de 1947, y frente a la estatua de la poetisa Rosalía de Castro. Pesar entre sus primas La única familia que le queda al escritor en Padrón son dos primas, Nina y Cristina Trulock Sanmartín. Nina, que está vinculada a la Fundación Camilo José Cela, se encontraba ayer muy afligida. Por ello se limitó a decir que estaba muy triste «porque aunque éramos primos carnales, para mí fue siempre como un padre». «Lo quería muchísimo era muy entrañable», añadó. Y mientras el Concello recibía innumerables llamadas y consultas, la normalidad dominaba el ambiente de la calle, donde el fallecimiento de Cela apenas pasaba de simples comentarios en pequeños corrillos. Quizás debido a lo inesperada que resultó su muerte, sobre todo para aquellos que lo conocían y trataban en sus visitas a su tierra natal. Todos coinciden en señalar que, pese a sus dificultades de movilidad por los problemas en las piernas, su «cabeza funcionaba tan ben coma sempre» y su ingenio estaba «intacto». Regalos Entre los amigos padroneses de Cela, uno de los más antiguos es el propietario del restaurante Chef Rivera, quien se declaró la «persona más agradecida» al Premio Nobel de Literatura, quizás porque, como señaló, Cela podía escoger el mejor hotel del mundo «e sempre viña a durmir aquí, ó meu». José Antonio Rivera le regaló parte de la colección de orinales que hay en la Fundación Cela. Ahora tenía uno inglés en madera de caoba, que consiguió en una tienda de antigüedades, para darle en su próxima visita. El chef era vecino de Iria Flavia como Cela y como Xosé García Lapido, restaurador de antigüedades que dedicó más de dos meses a rehabilitar «pezas valiosísimas» del Museo Ferrocarrilero John Trulock. García Lapido eludía los actos públicos de la fundación pero, en cambio, atendía la llamada del escritor para departir en reuniones privadas en las que, entre otras confidencias, le dijo que era la tercera persona que sabía que su deseo era ser enterrado en el cementerio de Adina. A Lapido también le repetía que él era de Iria Flavia, el nombre más bonito que podía tener un lugar, y no de Padrón. Le habló, además, de su sueño de una Iria Flavia restaurada, con la carretera convertida en una zona peatonal y empedrada, e incluso de tratar de rehabilitar las antiguas casas de piedra, con puertas de madera y hierro. Lapido lamenta que este sueño se truncara. El órgano Sólo falta que en el pueblo suene hoy de nuevo el antiguo órgano de la colegiata, restaurado con una subvención privada gracias al empeño de Cela. Ese empeño permitió a muchos vecinos de Iria oír por primera vez las notas del instrumento histórico, silenciado durante más de un siglo. Y fue precisamente ese tesón el que sacó de la miseria a su pueblo natal y le devolvió parte del esplendor de antaño. Pero el sueño de Cela de lograr una Iria Flavia «recuperada» podría completarse con un reto -que según el alcalde padronés, Jesús Villamor, «asumimos»-, el de rehabilitar tres de las ocho Casas de los Canónigos que no pertenecen a la Fundación Cela. Para el regidor, el de ayer fue un día «muy triste» con el fallecimiento para él «inesperado» de Cela. Un día antes, Villamor había declarado su intención de llevarle, en cuanto se recuperase, una empanada de lamprea a la residencia madrileña de Puerta de Hierro, «al igual que cuando le llevamos los pimientos al Rey». «El que resiste, vence» No pudo ser al no cumplirse el lema que reza en el escudo del marqués de Iria Flavia: El que resiste, vence, como recordó el alcalde, que habló de la importancia que tiene para Padrón que el escritor «lo dejase todo aquí». En su última visita, en octubre pasado, Cela se abrió al pueblo de Iria a quien ofreció la fundación como «su casa». Dijo entonces que no podía vivir en ella porque seguía sujeto al «duro banco del trabajo». Y habló de los años de muchos desvelos y trabajo constante que le supusieron la fundación, si bien decía que la recompensa era la propia realidad. Y es lo que queda.