STEVEN LOGRA LA MADUREZ

CÉSAR WONENBURGER

TELEVISIÓN

INTELIGENCIA ARTIFICIAL

20 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La coincidencia de que los geniales talentos de Stanley Kubrick, aunque sólo fuese a través de los bocetos, ideas y conversaciones (nunca reveladas) que ambos mantuvieron sobre el tema, y Steven Spielberg confluyeran en un mismo proyecto, esta esperada Inteligencia artificial, seguramente disparará los comentarios acerca de en qué medida uno y otro contribuyeron a la grandeza de esta exquisita película. En vano. Kubrick murió antes de que comenzase el rodaje, y la idea central del proyecto ni siquiera le pertenecía: fue obra de Brian Aldiss, el autor del relato de ciencia-ficción Los superjuegos duran todo el verano. Así que de antemano, sólo cabe atribuir la autoría a Steven Spielberg, aunque, ciertamente, la influencia, el «toque Kubrick» pueda encontrarse en algunos de los momentos más inspirados del filme: en su fascinante arranque, en el distanciamiento casi clínico con que se cuenta la primera parte y hasta en la música (hay un homenaje ni disimulado ni gratuito al maestro, cuando se escuchan los célebres valses de El caballero de la rosa, de Richard Strauss, ese monumento a la melancolía). Pero, ya digo, AI es una obra maestra fruto del talento maduro de Steven Spielberg, un autor que ha sabido depurar sus medios expresivos hasta alcanzar cotas de auténtica sabiduría cinematográfica (la puesta en escena es deslumbrante). Ahora, además, el padre de ET, lejos de abandonarse al ternurismo más simple -un exceso que ha malogrado algunas de sus mejores películas- toca temas jamás explorados por él (por ejemplo: el tratamiento del personaje de Joe Gigoló, todo un hallazgo) y convierte al protagonista de su historia, ese niño que aspira simplemente a que lo quieran, en uno de los personajes más desesperadamente melancólicos de la historia del cine.