«Decía que un día sin reírse era un día perdido»

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EL PERSONAJE EN SUS PALABRAS

27 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

José Luis Barros Malvar fue un hombre «en el que se dio una especial preocupación por la cultura en todas sus facetas, lo que le condujo a ser amigo de muchos de los grandes artistas y pensadores del siglo XX», como recuerda el catedrático de cine en la Universidad de Santiago Luis Hueso. El año pasado visitó varias veces Galicia y en dos entrevistas publicadas en La Voz de Galicia dijo cosas como estas: Luis Buñuel: «Una vez que estaba sentado con unos amigos en un café de París pasó un viejecito que cojeaba, muy decrépito. Buñuel se dirigió a la mesa vecina y dijo: «Fíjense, ahí va el pobre Buñuel, que en un año ha tenido un deterioro físico inexplicable. Esto era muy propio de él». Un «obsequio» especial. Barros comentaba otra anécdota del director aragonés: «En una ocasión que estuvo en México se fue al balneario de San José de Purua con Luis Alcoriza, un director de cine exiliado que colaboró con él en algún guión. Pues bien, un día en el comedor apareció una mujer guapísima y Buñuel observó que Alcoriza la miraba. Días después, Alcoriza logró conversar con ella y llegaron a intimar. Pero cuando ella se desnudó, él pudo leer en su vientre: «Obsequio de Luis Buñuel». Se cabreó un montón. Descripción. Las anécdotas anteriores forman parte de la descripción de Buñuel que hacía Barros: «Como persona era un ser excepcional, un amigo extraordinario, maravilloso conversador, muy culto y todo ello envuelto en un fino sentido del humor. Decía que un día sin reírse es un día perdido. Siempre gastaba bromas». Homenajes. Sobre los homenajes a Buñuel, que había dicho «¡Viva el olvido!», Barros decía que «se reiría porque no le daba mérito ninguno. La Universidad de Harvard quiso nombrarle honoris causa pero él nunca acudió, ni a la de Londres, ni a la Complutense. Le dieron la Medalla de Oro en Madrid porque le llevé yo. Viajes. Buñuel «vino conmigo en numerosas ocasiones y viajamos juntos por Galicia. El mar le interesaba mucho, pasamos varias noches en las lonjas gallegas viendo las descargas de pescado a las cuatro de la mañana». Conoció al cineasta en París, «a través de unos amigos exiliados. Después, cuando regresó a España, nuestra amistad se hizo más íntima y frecuente».