Los países de la antigua Unión Soviética vuelven a aplicar la represión contra los periodistas y los artistas Una ola de censura anega el mundo de la cultura en varios países de la extinta Unión Soviética, con la prohibición de canciones, retirada de libros de los escaparates y consignas para la prensa. Los intentos del Kremlin para hacerse con el control de la cadena de televisión privada NTV y acallar sus críticas no son un hecho aislado en la Comunidad de Estados Independientes (CEI). El esperpento post-soviético alcanza su cota máxima en Turkmenistán, donde el presidente vitalicio ha prohibido el ballet y la ópera.
07 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Renovados ataques a la libertad de expresión se extienden desde el Asia Central a Ucrania. Una comisión del Consejo de Europa pidió la exclusión de este país de la organización por las agresiones e intimidaciones del poder contra periodistas, que en algún caso llegaron al asesinato. En Kazajistán, los periodistas tiemblan ante la nueva directiva oficial que limita el acceso a Internet y establece fuertes multas para los medios que empleen información que no provenga de fuentes oficiales, en un intento por silenciar la corrupción. Pero el nuevo temor son los esfuerzos de las administraciones ex-soviéticas para acallar fenómenos culturales discordantes con la línea oficial. Tras escuchar en la radio una canción de rock sobre la heroína, el presidente de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko, ordenó prohibir su emisión en las radios y televisión locales por considerarla «propaganda de un estilo de vida insano». En Moscú, el fantasma de la censura estalinista visitó con décadas de retraso al escritor Bayán Shiriánov, quien esta semana vio como uno de sus libros, titulado Bajo pilotaje, era retirado de una de las librerías más grandes de Moscú. La novela de Shiriánov ya circulaba en Internet y había ganado el premio ruso de literatura en la Red tras sembrar un cisma en las filas de los críticos literarios por emplear el idioma de la calle y para retratar de una manera naturalista los efectos de las drogas duras. Esperpento vitalicio El diario ruso Izvestia, recogió otros casos de censura en el espacio post-soviético. El más esperpéntico es el decreto que firmó esta semana el presidente de Tukmenistán, Saparmurat Niyázov, quien cerró el teatro de opera y ballet, la sala de conciertos y el circo principales de ese país por ser «ajenos» al espíritu nacional. «Si no entiendo el ballet, ¿de qué me sirve entonces?», dijo el proclamado presidente vitalicio en 1999, cuyo retrato cuelga omnipresente en casas, centros públicos y calles. Su peculiar sentido del arte le ha llevado a ordenar que el rostro de su progenitora simbolice a la «madre de todos los turkmenos» en estatuas y cuadros.