LA MIRADA DE UN NIÑO

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TELEVISIÓN

MIGUEL ANXO FERNÁNDEZ CRÍTICA DE CINE / LIAM

03 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Los británicos son de gran solvencia en cuanto a cine sobre su compleja memoria en este siglo. No sólo por poseer una magnífica infraestructura, sino también porque los treinta les marcaron profundamente. Alan Parker lo hizo con Las cenizas de Angela. Ahora es Stephen Frears. «No soy católito, pero este relato de infancia me recuerda los años que pasé con mi madre después de la guerra», confiesa Stephen Frears al referirse a Liam, una historia como las que al parecer hacía la BBC en los cincuenta. En su película recrea la quiebra de una familia que, aún con sus limitaciones de proletaria perfectamente integrada en su barrio, vive feliz hasta que surge la depresión económica y con ella su cuadro de valores se tambalea. Asistimos con Liam a esa evolución. Hasta ese momento sólo parece preocuparle la salvación de su alma eliminando los malos pensamientos, una idea convenientemente macerada en las fuertes convicciones católicas de sus mayores y apuntalada por el sacerdote de turno. Aunque su visión no está exenta de inocencia, Frears no duda en aportar las peores consecuencias de esa descomposición familiar. Pero la mirada de Liam nos lleva a la reflexión principal de la película, la de que algo va muy mal cuando practicas la intolerancia por lo que es, más que por lo que hace. Si ya con Café irlandés, Frears advertía de su lucidez, con Liam se reafirma.