MIGUEL ANXO FERNÁNDEZ CRITICA DE CINE/JUEGO ASESINO Las de psicópatas parten de una limitación: el taladrado siempre acaba pagando. Eso era hasta que, en «El silencio de los corderos», el inquietante Hannibal Lecker se larga con viento fresco. A partir de ahí, algo cambió. Nace la veta psicológica y «Juego asesino» intenta explorarla.
03 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Se imponen dos lecturas para afrontar la película, ambas con resultado insatisfactorio. Eso reconociendo que seguramente saldrá bien parada de su carrera comercial, pero es sabido que tal circunstancia no siempre casa con la calidad. El guión intenta explotar, más que el antagonismo entre policía y psicópata, justamente su interdependencia y lo mucho que tienen en común. De entrada, la propuesta contiene originalidad porque hasta conocemos al asesino ya desde el comienzo para que el espectador repare mejor en su relación. Ambos se conocen muy bien y ambos condicionan sus vidas a ese juego del título. En otro plano estaría la propuesta formal planteada por Charbanic, que hace valer su pasado como realizador de clips. Pasa de cámara taquicárdica e histérica (aunque despliegue una amplia variedad de planos), pero se vuelca en la textura fotográfica intentando evitar la tentación sucista iniciada por Seven y prolongada después en varios filmes. Con tal paso anula la variante realista para adentrarse en el cine de género, con lo cual aflora el tópico y se hace inevitable la sensación de algo ya visto, con un suspense condicionado hacia lo que ya suponemos: que Spader podrá finalmente con Reeves. La primera limitación surge en el guión y en lo descompensado de ambos personajes. Mientras el de Spader está mejor trabajado, entendemos la raíz de su problema y los motivos de su obsesión, el de Reeves actúa como cualquier psicópata que va sembrando el camino de cadáveres. La idea de introducir un plazo de algunas horas entre el anuncio de un nuevo asesinato (incluyendo el detalle de que la víctima lo desconoce y sigue en libertad durante esa prórroga letal) y su consumación, se esfuma por la torpeza de sus guionistas. Tampoco ningún productor en su sano juicio recurriría al sex symbol Keanu Reeves para meterlo de carnicero sin riesgo a que sus fans lo rechacen. En resumen, hay detalles, pero falta conjunto.