«Era necesario». Así resume Mauro Armiño la intensa aventura literaria en la que ha estado implicado en cuerpo y alma durante los últimos siete años. Su traducción de la obra mayor de Proust, A la busca del tiempo perdido, marca un hito en el mundo editorial.
23 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Es la primera traducción española realizada por una sola mano, que suple todas las carencias _y son muchas_ de la que era hasta ahora, por única, la traducción canónica, la que Pedro Salinas realizara en el primer tercio de este siglo auxiliado por José Manuel Quiroga, y que completarían años más tarde Consuelo Berges y Fernando Gutiérrez. Es un gran empeño que ha encontrado respaldo y aliento en un pequeño sello editorial, Valdemar, que cogió por los cuernos un toro que se negaron a lidiar los grandes editores, que para Armiño «han actuado con cicatería». Las diferencias entre la traducción de Salinas y la de Armiño empiezan por los títulos. En busca de... pasa a ser A la busca de..., y Por el camino de Swan se convierte en Por la parte de Swan, un término mucho más acorde a los deseos del propio Proust, que montó en cólera al comprobar cómo la primera edición inglesa de su magna obra optaba por Swan''s way y daba pie a un título español que Armiño considera desacertado. En dos próximos volúmenes aparecerán Por la parte de Guermantes _que no El mundo de Guermantes_ y La fugitiva. «Se había revisado la traducción de Salinas, pero muy mal», dice Armiño, pues en ésta se eliminaban frases cortas variaban ciertos pasajes.