«En el arte es perverso competir»

BEATRIZ PALLAS A CORUÑA

TELEVISIÓN

Miguel Littín, director de «Tierra de fuego» En plena gala de los Oscar, se dedicó a escribir el primer capítulo de su primera novela sobre el programa de la ceremonia. Él era candidato en la categoría en la que este año triunfó Almodóvar, pero prefirió entregarse a la literatura en aquel «largo y aburrido programa de televisión». Las competiciones ya no le interesan al cineasta chileno Miguel Littín, que presentó en Galicia «Tierra de fuego». Dice que los premios suponen un desgaste inútil, aunque tiene toda una colección que utiliza para sujetar libros.

24 may 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Ha ido a todos los concursos. Tiene premios como el de la crítica de Cannes y dos candidaturas al Oscar por película extranjera. El fruto de todo eso: «Una estantería llena de monigotes», dice. La última película de Miguel Littín, que se estrena como Terra de fogo en versión gallega, ha sido producida por Filmax y rodada entre Galicia y la Patagonia. _Su película acaba de estrenarse en Cannes, aunque fuera de competición. ¿Cómo fue acogida? _Con gran interés del público y de la crítica. Hubo a quien le gustó más y a quien menos, pero eso es lo normal. Lo recuerdo como un buen debut y con la suficiente dosis de polémica, como a mí me gusta. _¿Por qué lo dice? _Porque en el cine hay muy distintas opciones y yo creo que no se puede intentar imponer criterios. A mí me interesa mucho el movimiento dogma, pero no quiere decir que todo el mundo tenga que hacerlo. Este arte ha conseguido, a pesar de tener sólo cien años de antigüedad, ser tan variado como autores y cinematografías existen. _¿Sabe que el cine español está casi vetado en este festival? _Siempre me ha llamado la atención que a España le cueste tanto llegar a satisfacer al comité de selección. _¿Le gustaría haber entrado a concurso? _No quiero competir nunca más. Es una condición que pongo en mis acuerdos con los productores. Es un desgaste emocional inútil, porque no significa nada ganar o perder. En el arte es perverso competir, porque todos tienen derecho a existir. Estoy en contra de los críticos que ponen estrellitas. Yo también podría ponerles estrellitas a los críticos que no saben escribir o que cuentan la película para llenar sus textos. ¡Que dejen que el espectador la vea! _Pero un premio puede llenar las salas. _No creo que lleve a más gente al cine. El público es más sabio. A mí, las candidaturas al Oscar me sirvieron en momento dado de plataforma para llamar la atención sobre el problema de Chile bajo la dictadura de Pinochet. Tenía la posibilidad de hablar de la persecución en un foro internacional y esto era lo importante, más allá de mi pequeña vanidad por ser candidato. Yo llevaba en el bolsillo una carta de la contra chilena que habría leído si hubiera ganado. _El Oscar de Almodóvar se vivió en España como una final de un mundial... _Lo ví y me alegré mucho, porque lo ví muy contento. No repruebo a la gente que gana si esto la satisface. Creo que hay que vivir de acuerdo con aquello que hace a uno feliz. _¿Qué le pareció Galicia como plató de rodaje? _Fue muy agradable y motivador. Venía de vivir situaciones muy duras en la Patagonia, donde tenía que empujar a la gente para hacer la película en situaciones muy adversas. En ese clima, llegar a A Fonsagrada con todo el mundo contento, un tiempo maravilloso y los distintos escenarios muy cerca entre sí fue como estar en el paraíso. _La morriña de la emigración y la gaita están muy presentes en su película... _Me gusta mucho ese ritual de quien entrega un legado a sus hijos, que, a su vez, lo dejan a sus nietos. Soy un revolucionario muy tradicional. Creo que en los grandes cambios sociales, pero también en los vínculos marcados por el amor, que es la única relación posible entre los seres humanos.