El joven gallego trabaja con los datos del telescopio espacial James Webb gracias a una beca de la Fundación la 'Caixa'
18 nov 2022 . Actualizado a las 12:17 h.Hace seis años en estas mismas páginas, el físico Aaron Bello Arufe (Noia, 1995) decía que le encantaría trabajar en la NASA. Lo veía como un sueño que ahora se ha convertido en realidad. Después de pasar por la USC, la Universidad de Umea (Suecia) y la Universidad Técnica de Dinamarca —donde realizó un máster en Astrofísica con una beca de postgrado de la Fundación la 'Caixa'—, desde hace unas semanas investiga atmósferas de exoplanetas en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena (California).
«Cuando miras al cielo de noche y ves tantas estrellas y te das cuenta de la inmensidad del espacio, es difícil no preguntarse de dónde venimos o si hay vida en otros planetas. Y luego te das cuenta de que hay personas cuyo trabajo consiste en buscar respuesta a estas preguntas. La verdad es que es una suerte dedicarme a lo que me gusta, y además si es en un sitio como la NASA pues ya te imaginas», resume el joven, que con solo 16 años ya tuvo ocasión de estudiar becado en Estados Unidos.
El principal proyecto que tiene entre manos en la NASA «consiste en estudiar las atmósferas de exoplanetas, es decir, de planetas que no orbitan alrededor del Sol, sino de otras estrellas». Para ello, utiliza los datos del James Webb, «el telescopio espacial más potente jamás construido». Se trata de un instrumento privilegiado que viene a revolucionar su campo de investigación, porque antes «la mayor parte de los estudios de las atmósferas de exoplanetas se centraban en exoplanetas gaseosos gigantes, parecidos a Júpiter, debido a su gran tamaño» y ahora acceden a datos de otros mucho más pequeños. Por ejemplo, están a punto de recibir los datos de una supertierra (llamada así porque es un poco más grande que la tierra), «tan caliente que su superficie podría estar cubierta por un enorme océano de lava», y de otros planetas «situados en lo que se conoce como la zona de habitabilidad de su estrella, donde bajo las condiciones adecuadas puede haber agua líquida en sus superficies, un ingrediente fundamental para la vida tal como la conocemos».
La experiencia está siendo «fantástica» por lo bien que lo acogieron desde el primer día y porque «cada persona con la que te encuentras aquí se dedica a algo fascinante, ya sea a conducir un rover en Marte, a asegurarse de que una misión cumpla su objetivo de llegar a un asteroide sin desviarse de su trayectoria, o a trabajar en una misión para estudiar la posible habitabilidad de una de las lunas de Júpiter», relata de unos compañeros que «son personas brillantes, muy motivadas y que disfrutan mucho con su trabajo. Pero también son excelentes a nivel humano, siempre dispuestos a ayudar».
Por eso, aunque «en España se vive muy bien y tenemos uno de los mejores cielos del mundo para dedicarse a la astrofísica», Bello no descarta quedarse en la NASA. Reconoce que es pronto, porque solo lleva allí una semanas, pero lo que sí tiene claro es mientras le siga gustando y tenga la oportunidad va a seguir dedicándose a la investigación.
Este mismo miércoles pudo ser testigo de la ilusión con la que se vive la misión Artemis y reconoce que también a él le gustaría «vivir un momento así, de ver al ser humano pisar otro mundo», como ocurrió hace 50 años con el primer viaje a la Luna. Considera que ahora «vivimos una época dorada para el estudio de los exoplanetas», por todo lo que aporta el James Webb y porque pronto van a estar construidos en la Tierra «telescopios extremadamente grandes» y potentes que pintan un futuro ilusionante.