La guerra del «kimchi»

China y Corea del Sur se disputan la nacionalidad de un plato de col fermentada


Pekín

No es una disputa de fronteras, no rivalizan sobre la fortaleza de sus economías o por los resultados deportivos de sus selecciones. Pero es una guerra en toda regla y afecta al paladar. Los forofos de los encurtidos de los dos países asiáticos se enfrentan para reivindicar lo que consideran una parte de su patrimonio nacional, un plato de col fermentada picante conocida internacionalmente como kimchi.

Las redes sociales han sido el mayor campo de batalla entre las dos aficiones, pero la tensión ha escalado y de la guerra de los hashtags se ha llegado hasta las protestas formales de los gobiernos.

El kimchi es un alimento muy conocido de la cocina coreana. Se elabora con col blanca y puede llevar nabos y pepinillos. Se prepara utilizando la técnica de la fermentación y se macera con ajo, chiles o jengibre. Como cualquier plato tradicional tiene muchas variantes. Aunque su sabor, salado y picante, puede ser un poco difícil para el paladar occidental sus fans asiáticos aseguran que crea adicción.

En 2015 la Unesco reconoció la preparación tradicional del kimchi, unas recetas familiares que se transmiten de madres a hijas, y lo inscribió en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Una decisión que no gustó nada a su vecino asiático, ya que en China existe un plato muy similar, típico de la cocina de Sichuan, el pao cai. Son verduras en escabeche o fermentadas. Y de hecho el pao cai se exporta por toneladas a Corea del Sur, donde muchas veces se hace pasar por kimchi. Se calcula que el 40 % del kimchi que consumen los surcoreanos se produce en China.

El conflicto surgió este invierno, cuando China consiguió un certificado ISO para el pao cai que regula su producción, y rápidamente lo vendió como un éxito internacional.

El periódico oficial chino Global Times no dudó en informar de que se había conseguido un «un estándar internacional para la industria del kimchi liderada por China». Algo que no era cierto, porque el certificado solo se puede aplicar al pao cai. La polémica estaba servida y la prensa surcoreana acusó a China de intentar adjudicarse su plato nacional.

En las redes sociales, muy activas en los dos países, estalló la guerra. Todos reivindican la nacionalidad del kimchi y acusan al otro de robar y humillar a su país. Y empezaron a rodar cabezas. Las redes sociales chinas han llegado a bloquear a famosos influencers surcoreanos por defender la nacionalidad del kimchi. Es el caso de la joven Hamzy, que tenía 2,9 millones de seguidores en la red social china Weibo y que ha perdido contratos de patrocinio. El bloqueo chino no es una broma, ya que su legión de internautas representa la pérdida de un gran mercado. Hamzy factura unos 200.000 dólares al mes.

De Internet a la política

Los surcoreanos no se han quedado atrás, pero son muchos menos y el impacto económico menos relevante. La youtuber china Li Ziqi ha sido una de sus principales víctimas por un vídeo en el que explicaba cómo preparar kimchi con el hashtag #ChineseFoods.

La agresividad del debate ha contaminado la política. Primero, el ministerio de Agricultura surcoreano defendió su plato nacional y acusó a China de apropiarse de su tradición. Las quejas obligaron incluso al Gobierno a emitir declaraciones de protesta.

Desde China la portavoz de exteriores del Gobierno, Hua Chunying, ha defendido sin reparos el pao cai, viniendo a decir en lenguaje diplomático que era lo mismo que el kimchi y que no es exclusivo de una región o país.

La disputa incluso se ha internacionalizado. Un conocido activista surcoreano, Seo Kyoung-duk, ha llegado a publicar un anuncio a toda página en The New York Times defendiendo que «el kimchi es coreano, pero pertenece a todos».

El kimchi es solo una pieza más de la guerra entre los dos países, que mantienen cicatrices sin cerrar desde la Guerra de Corea, donde los chinos apoyaron al norte perdiendo más de medio millón de soldados.

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