Los dinosaurios no se extinguen


Desde que Spielberg devolvió a los dinosaurios a la vida gracias a la inspiración de Michael Crichton y a sus mosquitos prehistóricos conservados en ámbar, la franquicia de Parque jurásico se ha convertido en una de las más rentables y recurrentes del cine. La magia de la ingeniería genética ha permitido a sus creadores soñar no solo con traer de nuevo al mundo a algunos de los saurios más populares, sino jugar a combinar sus ADN e inventar nuevos híbridos de ferocidad incalculable. Todo un filón para seguir generando historias en torno al invento de John Hammond.

La última aportación a la saga es Campamento cretácico, con la que Netflix se suma al infalible legado jurásico. La primera aproximación a esta serie de animación de ocho capítulos hace pensar en un cebo para ese público que crece soñando con un mundo lleno de herbívoros gigantes y carnívoros violentos y que pasa por caja para comprar figuras de juguete. Pero Campamento cretácico es una propuesta más juvenil que infantil. Acompaña a media docena de adolescentes que, unos por sorteo y otros por enchufe, resultan agraciados con la primera estancia en un campamento en la isla Nublar. La actividad está aún en fase de pruebas. La experiencia nos previene de que los monitores tendrán problemas para garantizar la seguridad de los muchachos y que todo lo que pueda salir mal saldrá mal, lo que garantiza sustos y acción capaces de entretener a varias generaciones.

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