La AP-9 en el confinamiento: un vehículo cada tres kilómetros

Se instalaron controles fijos en toda la autopista desde marzo para agilizar el despliegue y reducir la espera


VIGO / LA VOZ

44 vehículos a la ida y 55 a la vuelta. Son todos los que contaron a lo largo de 318 kilómetros y tres horas para completar el trayecto. De Vigo hasta A Coruña y viceversa, rodando únicamente por la AP-9 para conocer las consecuencias del confinamiento. La aritmética arroja la primera conclusión con los datos de ambos viajes (completados entre las 12.00 y las 15.00 horas y las 15.15 y las 18.00 del miércoles). Un conductor solo coincidió con otro vehículo cada tres kilómetros. O lo que es lo mismo: cada dos minutos. Segunda conclusión: el número de turismos aumenta a primera hora de la tarde, justo cuando finalizan los turnos laborales. La muestra arroja 17 a la ida y 27 a la vuelta. El uso de camiones o furgonetas sí es similar: 25 y 22.

Pero más allá de la estadística, lo que realmente impacta es, por ejemplo, dejar atrás Vigo y recorrer Teis y Chapela sin cruzarse con camiones llegando, en día laborable, al ombligo industrial de Galicia. También atravesar el puente de Rande sin más neumáticos en sus seis carriles. «Lo que más nos sorprende es el cumplimiento generalizado del confinamiento. Lo consiguieron», dice un trabajador de Audasa preguntado al vuelo en alguna gasolinera antes de añadir: «Lo montaron de tal manera que siempre caerá alguien, y tampoco estamos notando un repunte del tráfico en Semana Santa». El profesional se refiere a los controles fijos instalados a lo largo de toda la AP-9, de Tui a Ferrol, para facilitar el despliegue en cada operativo.

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AP-9 vacía AP-9 vacía

«Los agentes llegan en furgones, se bajan y empiezan a regular el tráfico», detallan tres transportistas rumanos, ya en el área de servicio de O Burgo (A Coruña). Constantin, Catalín y Juan: «Venimos de Alicante con mascarillas para la Guardia Civil, pero lo más increíble fue llegar y salir de Madrid sin coches o con muy muy pocos. También de noche, al ir solos, da miedo conducir». El escenario en las áreas de servicio es idéntico. Siguen siendo de autoservicio, por lo que el trato con los trabajadores se mantiene a través de una ventanilla con micrófono. «Solo salimos para tirar la basura», dice un trabajador de la gasolinera de Elviña (A Coruña).

Alfonso Molina, un páramo

Enfrente, la avenida de Alfonso Molina, otro páramo de asfalto. Impacta igualmente acceder a sus tres carriles de bajada con solo cinco conductores utilizándolos. Lo mismo ocurre hasta el desvío de Juan Flórez, siete coches en más de 600 metros de ancho vial. Ya de vuelta, desde O Burgo hasta el desvío de Lugo-Madrid, un solo turismo. Y el siguiente tramo, hasta Ordes, de 12 kilómetros, sin compañía. En las gasolineras de la AP-9 de este ayuntamiento, más de lo mismo. Atención mediante ventanilla, una cabina con servicios para la noche y conductores profesionales estirando las piernas. Entre ellos dos encargados de llevar bombonas: «No paramos, la demanda es muy fuerte por el mucho tiempo que la gente está en casa».

También se ven camiones con madera en dirección a la planta de Ence (Pontevedra) o llevando materiales de obra. Pero sobre todo, de alimentación. Ya sea fresca o no. «Nosotros también somos héroes y nadie se acuerda de nuestra labor», dice en broma José Manuel Antelo mientras saca brillo a las llantas de su camión tras completar el viaje desde Avilés: «Non me parou Tráfico, pero é certo que con nós non se deteñen, van máis polos coches. Acabo de pasar por Santiago e non coincidín con case ninguén». Y es que todo el perímetro de la AP-9 que rodea la ciudad del Apóstol, con sus cuatro carriles a cada lado, resulta otro desierto. Ya sea en la recta que pasa frente a la curva de Angrois, ante el estadio Vero Boquete, de San Lázaro, o pasando frente al Gaiás.

La posible vuelta al trabajo en algunos sectores la próxima semana avivará la circulación de la AP-9 progresivamente. Aunque está por ver qué tiempo transcurrirá hasta que se recuperen los datos previos al confinamiento. Audasa cifró la caída, a finales de marzo, en un 70 %, lo que sobre el terreno deja desértico el principal eje vertebrador de Galicia.

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