Gracias, vecinos del décimo

David Suárez Alonso
David Suárez CINCO UVES DOBLES

SOCIEDAD

22 mar 2020 . Actualizado a las 21:54 h.

Desde hace unos días, cosas del confinamiento y del coronavirus, solo subo y bajo a casa por escaleras. Viviendo en un quince, no es ninguna tontería. Gracias a estos minutos de escalones y descansillos, descubrí que alguien había colgado en cada planta un pequeño cartel entre los ascensores. Un folio escrito a mano con un rotulador de color granate. No les hizo falta nada más. Laura y Rubén se ofrecían a hacer los recados y las compras a todas las personas de riesgo del edificio. «¡No dudéis en llamar a nuestra puerta!».

Vivo en una de esas torres del desarrollismo de los setenta. Muchos de mis vecinos superan los setenta años y tienen sus achaques. En la era AV (antes del virus), muchos de ellos presumían en el ascensor de que llevaban viviendo aquí desde que se construyó el edificio. Se mudaron cuando aún no había aceras. Cuando la avenida estaba llena de barro y tenían que salir del portal con botas de agua y cambiarse de calzado cuando se acercaban al Obelisco. Eso era antes. El portal, siempre bullicioso y en el que era casi imposible no cruzarse con alguien, ahora está desierto. Ya nadie se para a hablar con el portero, ni tiene que esperar a que baje uno de los tres ascensores.

Los vecinos del décimo se dieron cuenta de que nuestro edificio era de riesgo. Y decidieron hacer algo. Aportaron su granito de arena. Con un simple gesto de esos que afloran en estos días en que parece que volvemos a conectar con los que nos rodean. Nos sacudimos un poco el estrés de nuestro día a día y saludamos (por primera vez) a los que viven en el edificio de enfrente. Nos preocupamos por cómo viven todo esto. Y esbozamos una sonrisa cuando las niñas de abajo se arrancan a gritar «gracias» tras los aplausos diarios.

No sé si alguien habrá timbrado a los vecinos del décimo. No sé si habrán tenido que bajar a la farmacia o a la tienda a por comida. Pero gracias a mi excursión diaria por las plantas del edificio sé que su gesto no ha caído en saco roto. En el rellano del quinto, sobre el folio que dejaron Laura y Rubén han colocado otra pequeña nota. Escueta, directa, simple... sincera. «Gracias, vecinos del 10ºB».