Ander Izagirre: «Viajar te rompe los esquemas y te hace ver que hay otras vidas posibles»

«Para ser justos y entender mejor el mundo hace falta tiempo y pausa», afirma el cronista y autor de «Potosí»


redacción / la voz

Las víctimas de Chernóbil, el conflicto de Colombia, los inuit de Groenlandia y los sicilianos que se alzaron contra la mafia han sido los protagonistas de algunas de las crónicas firmadas por Ander Izagirre (San Sebastián, 1976), periodista y autor de libros como Potosí, sobre la minería en Bolivia. Él asegura que este género periodístico no es una cuestión de kilómetros, sino de mirada. «Al final donde yo más aprendí fue al lado de mi casa, en San Sebastián, haciendo reportajes sobre un señor que cuidaba los caminos del monte por su propia voluntad», asegura. El periodismo narrativo y un método de trabajo basado en la observación fueron la materia del curso que impartió en el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual (MPXA), titulación de la Universidade da Coruña que la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre coorganiza con la Fundación Amancio Ortega.

-Existe un ideal periodístico asociado a la crónica de viajes, pero ¿es posible vivir de ella?

-Es difícil de sostener, aunque en mi caso, como periodista autónomo, voy haciendo otro tipo de encargos y de trabajos que no son los que más me gustan, pero que aseguran la parte económica. Lo bueno que tiene la crónica es la libertad de estilo, de espacio y de elección del tema. En los últimos años en España están aumentando los libros periodísticos, porque tienes una extensión casi ilimitada y te permite tener libertad estilística. Al no tener jefe puedes dedicar el tiempo que quieras a un tema y enfocarlo como quieras. Es una gran ventaja para escribir mejor, pero tiene las pegas de cómo sostener esto y hacerlo rentable. Los que se acercan a hacer este tipo de periodismo tienen una gran vocación y esto anima a hacer cosas imprudentes o poco estables.

-¿Qué le han aportado personalmente y profesionalmente sus crónicas?

-Para mí es indisoluble viajar y escribir o viajar y hacer reportajes o libros. Lo que he descubierto es la inmensa variedad de modos de vida que hay en el mundo, lo distintos que somos, el diferente modo de organizarnos, los problemas, las esperanzas... Hay un sustrato muy común en la humanidad, pero el entorno modela muchísimo. Para mí es un privilegio haber estado en Groenlandia haciendo un reportaje sobre los inuits o haber visto cómo es la vida de un esquilador de ovejas en un páramo de la Patagonia. Tengo mucha curiosidad personal por saber cómo son los demás en distintas situaciones y eso ayuda a saber cómo somos nosotros. En qué te fijas tú y qué te llama la atención revela cosas de cómo es tu sociedad. A veces tenemos prejuicios e ideas cerradas y viajar te rompe los esquemas y te hace ver que hay otras vidas posibles, que si hubieras nacido en otro sitio tu manera de actuar y de pensar sería distinta.

-¿Qué papel desempeña la crónica larga y reposada en esta época de sobreinformación y titulares?

-Es una apuesta por algo que es minoritario y que probablemente siempre lo ha sido, por profundizar en un tema, por contarlo bien y creer que hay suficiente gente interesada como para tener un oficio de eso. Creo que aporta algo necesario y es bueno que haya miradas trabajadas, profundas porque creo que son más justas. En el caso del libro que escribí sobre Potosí, el hecho de haber vuelto allí varias veces me hizo ver cosas que creía que ya sabía la primera vez que fui. A veces sesgamos demasiado la realidad cuando solo hacemos vistazos rápidos y superficiales. Para ser justos con la gente y entender mejor el mundo creo que hace falta tiempo y pausa. Es interesante para una sociedad que exista la posibilidad de asomarse a un libro y no solamente a un tuit.

-De todas sus crónicas y experiencias, ¿cuál le ha marcado más hasta el momento?

-Este libro llamado Potosí fue un proyecto de muchos años que me hizo darme cuenta de muchos errores, lagunas y maneras torcidas de ver que tenía. Para mí fue algo feliz, porque pensé que la historia de unos niños mineros en Bolivia no iba a interesar a nadie y ha sido traducido a inglés e italiano y ha recibido algún premio. Una crónica funciona cuando alguien a quien no le interesa específicamente un tema se siente atraído por una historia. A mí lo que me gusta es una crónica sobre un asunto que no me importa nada y que, sin embargo, la devoro porque está muy bien contada y es un historión. Puede ser algo como lo que vi sobre la historia del ron, un tema que me interesaba cero pero estaba lleno de historias buenísimas. Escribí un libro con historias del Tour de Francia y me gusta que le interese a gente a la que el ciclismo le da igual, porque hay en él una gama de personajes, de tramas, de acciones, de episodios que son fantásticos. El tema da igual, lo que importa es la historia. Ese es el reto.

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