«El hijo»: El primo cabreado de Superman

La película de David Yarovesky, más allá de su impecable factura aun tratándose de un «low cost», va a cara o cruz


No parece que la intención de los guionistas hermanos Brian y Mark Gunn haya sido parodiar o reinterpretar el mito de Superman con unas pizcas del Mesías, por aquello de que ambos personajes y el crío protagonista de El hijo tengan en común un origen celestial. O espacial, que para el caso es lo mismo. Por eso, la película de David Yarovesky, más allá de su impecable factura aun tratándose de un low cost (siete millones de dólares), va a cara o cruz.

Si va de cara necesitará de mucha fe por parte de los forofos del género, que habrán de renunciar a hacerse preguntas ante un encadenado de tópicos y situaciones previsibles que hasta un espectador tuerto y con cataratas en el ojo sano detectaría. Si va de cruz, son irrefrenables las ganas de apretar el gaznate a los responsables principales del texto y la dirección. Si exceptuamos que Jackson A. Dunn está creíble en su siniestro remedo de Jekyll y Hyde, y que incluso la pareja paterna hace grandes esfuerzos por resultar verosímil, el resto es humo en botella.

Realmente se trataba de cubrir expediente, dar pitanza a un target que permanece fiel a los filmes de sustos -que no terror- y hace tiempo que renunció a exigir su reconversión a fondo. Pareja de granjeros sin hijos que halla un artefacto caído del cielo con un bebé. Hasta aquí, el hombre de Krypton. Por lo visto -eso, como muchas otras cosas, pasan de contarlo- se guardaron también el extraño habitáculo, gran error, en fin… Será porque era necesario para completar el menú, pero lo trufan con varios toques gore que finalmente a uno le quedan dudas de si aportan humor negro o es que se les fue la mano. En todo caso, hay un buen empaquetado formal, aunque, insistamos, casi todo ocurre porque les da la gana a sus autores. Los minutos finales se suman al despiporre sin aclarar si sus intenciones eran paródicas o pretendían inquietarnos sobre lo que nos espera.

Lo seguro es que habrá secuela para El hijo [Brightburn]. Y es que basta un puñado de dólares, unas líneas de guion chorra y espectadores que comulgan ruedas de molino.

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