«María, pero ti estás vendo como camiñas

La teniente de alcalde de Dumbría explica su día a día con la esclerosis y pide un trato «humano»

«María, pero ti estás vendo como camiñas!» La teniente de alcalde de Dumbría explica su día a día con la esclerosis y pide un trato «humano»

cee / la voz

La teniente de alcalde de Dumbría, María Agulleiro Fernández, es de las primeras en llegar al Concello todos los días, y entre sus variadas responsabilidades está el seguimiento de las decenas de trabajadores que contratan cada año en su ambicioso plan de empleo. Y eso que no puede caminar más de 50 metros sin sentarse, ni entrar en la bañera o en el agua de la playa sola.

Para ella, «quedar na casa non é unha opción», por más que desde el 2013 tenga diagnosticada una esclerosis múltiple primariamente progresiva, «a peor que hai, que son o 15 % dos casos». Ya en el 2009 empezó a «sentir cousas raras», como que «me caía o zapato da perna dereita». Dejó los tacones, incluso llegó a comprarse un número menos y pasó por todo tipo de pruebas médicas y también algunos tratamientos que nada tenían que ver con su enfermedad, que se manifiesta de manera lenta e inexorable a través de la degradación de la creatinina que recubre los músculos. Sus amigos llegaron a decirle: «María, pero ti estás vendo como camiñas?», y ella empezó a asumir su realidad, que implica problemas de riñón, de cadera, de espalda..., y la constancia de que, por el momento, no hay tratamiento alguno. Todo avanzaba con cierta normalidad, con su madre ayudándola en casa, los compañeros en el Concello y los amigos cada vez que va a algún sitio, hasta hace unas dos semanas cuando, curiosamente, el palo más fuerte se lo dio el sistema público de salud.

De hecho, todos sus compañeros, empezando por el alcalde, José Manuel Pequeño, destacan el impulso que María supone para todo el equipo y en estas últimas semanas la han visto especialmente afectada. «Levo 15 días machucándome a cabeza ata o punto de ter que tomar pastillas porque non durmo. Mira que hai bos profesionais -teño unha das mellores neurólogas de España e cun trato exquisito-, pero como me tratou esta muller non é nin medio normal», señala.

Había acudido al tribunal médico, «non porque estea pedindo unha paga nin nada parecido», simplemente para disponer de una tarjeta con la que aparcar en el hospital de A Coruña, a donde tiene que acudir varias veces al mes, porque para ella cualquier cuesta supone irse de bruces. Al margen de reconocerle un grado de discapacidad mínimo, que cualquiera que conozca su día a día -lleva una prótesis en un codo a raíz de una caída- sabe que no se corresponde con el estado en el que se encuentra, se topó con que pusieron en cuestión su enfermedad, con comentarios de que mucha gente así lleva una «vida plena», o algo tan desagradable como que los problemas urinarios pueden ser de higiene.

Incluso la conminaron a que pida una segunda opinión médica, respecto a su dolencia. «Tamén entendo que poden estar cansados de que a xente lles minta, pero, por favor, un mínimo de humanidade, que lle pode pasar a calquera», concluye la concejala, que piensa reclamar en los tribunales y cuenta su historia, por si a alguien con la misma enfermedad le puede ayudar, ya que se ha sorprendido de la cantidad de afectados que hay.

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